Uruguay x+: siempre con la gente adentro

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Astori en su exposición habló de innumerables puntos que no estamos  acostumbrados a escuchar en discursos sobre economía. Universalismo y focalización, enfoque de derechos, inclusión, reconocimiento recíproco de las personas, equidad; son algunos de los puntos que el FA considera dentro de su política económica. Así, la política económica está directamente involucrada en todas las profundas transformaciones sociales que el país ya vivió, y en las que el Frente propone para el próximo período de gobierno.

Hubo, a su vez, un planteo muy fuerte de defensa de la política frente a la tecnocracia. Y esto es un elemento crucial para la democracia y la vida de la gente, aunque a priori parezca sólo una cuestión dialéctica entre posibles futuros ministros de economía del FA y de la oposición. Creemos que las decisiones son siempre políticas. Pero cuando nos quieren hacer creer que es en el terreno técnico en el que se resolverá, sólo nos están arrebatando, a la ciudadanía, la posibilidad de opinar y de controlar: de hacer política.

Mientras las decisiones estén en la esfera de la política, cualquiera podrá disentir y poner el grito en el cielo. Cuando lo que legitima una medida es el saber técnico, sólo aquellos que compartan ese saber podrán opinar. Pero la decisión será siempre política.

Una alerta para los incautos: estamos muy lejos de adherirnos a discursos que desprecien el saber técnico o a los y las intelectuales. Creemos que el FA ha dado muestras excelentes de cómo se debe integrar el saber técnico para tomar decisiones políticas informadas. Esta defensa de la política es un rasgo de la izquierda que creemos que hay que acentuar cada vez más.

Junto con esto, Astori recalcó que hay una política económica de izquierda, barriendo de un plumazo con la falsa idea instalada de que la política económica del Frente es continuadora de la de blancos y colorados. Básicamente, se trata sí, de que los indicadores macroeconómicos cierren. Pero esto –que las cuentas cierren- lo hace hasta el más despiadado empresario.

La forma más sencilla de que los números cierren es ajustar en la gente. Contra la gente. La derecha ya mostró que en el momento en que las cuentas no cierran, realiza ajustes fiscales que obviamente los pagan los trabajadores y jubilados. Y las cuentas a veces les cerraban, pero a la gente les dejaban de cerrar.

Por eso es que hay una forma de combatir la inflación y manejar el déficit fiscal que es de izquierda. Por eso, es que el equilibrio macroeconómico del FA no tienen nada que ver con el de la derecha. El nuestro, es con la gente adentro. Siempre con la gente adentro.

Por último, la política económica de izquierda muestra un gran dinamismo y una capacidad de adaptación a los cambios que el propio FA ha buscado. Y los cambios los determina la política, no el saber técnico. Si tomamos dos grandes elementos de la política económica frenteamplista, como la reforma tributaria y la promoción de inversiones, veremos que no son políticas estáticas, sino que se han profundizado a medida que los cambios en el país (y sobre todo en la calidad de vida de la gente) se fueron notando.

En la reforma tributaria, por ejemplo el aumento sostenido del mínimo no imponible es un buen ejemplo de una medida que progresivamente busca la profundización de la equidad tributaria. Asimismo, las propuestas de nuevas deducciones al IRPF y el futuro cálculo de los aguinaldos y salarios vacacionales por separado, son ejemplos de cambios que genera la izquierda, atendiendo demandas justas y legítimas de la clase media uruguaya.

En cuanto a la promoción de inversiones el programa del FA es muy claro para el próximo período: deberemos seguir ajustando estos instrumentos, para que quien venga a invertir lo haga cada vez más en ciertos sectores, que impliquen un alto valor agregado y procesos virtuosos, como la incorporación de tecnología.

En síntesis, lo que queremos subrayar es el incontrastable hecho de que el FA le ha devuelto la política a la gente. Esto es más democracia. Y esta es la base para estar seguros de que la profundización de reformas estructurales iniciadas y la generación de nuevas reformas, están a la vuelta de la esquina.

x+ Derechos

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El FA explicó, a través de la voz de Tabaré, con claridad y sustento sus planes. Conviene siempre, en política como en otros órdenes de la vida, preguntarse cada tanto -como un ejercicio infinito- para qué. Para qué hacemos lo que hacemos. Para qué estamos proponiendo estas cosas. En este caso, elegimos por sobre los fundamentos estratégicos, funcionales o económicos (frecuentemente economicistas), concebir a las propuestas programáticas del FA desde un enfoque de derechos. Esto implica entender que lo fundamental es el pleno ejercicio de derechos por parte de la ciudadanía. Implica, antes aún, reconocer que existen derechos que hoy no están satisfactoriamente asegurados. Por tanto, implica en primer lugar, alejarnos de planteos como los de Lacalle Pou, que fundamentan las políticas en términos de “ayudas” a la gente.

Entender un Sistema de Cuidados desde una perspectiva de izquierda que priorice los derechos de ciudadanos y ciudadanas incluye pensarlo como una cuestión estratégica para el país y la reproducción social. Pero implica saber que esa no es la razón primera ni la más importante. Un Sistema de Cuidados resulta imprescindible porque las mujeres tienen derecho a que la carga de la reproducción social sea compartida con los hombres. Es una cuestión de justicia. Y el Estado en tanto organización que nos nuclea a todos y todas, no tiene otra opción que hacerse cargo.

El Sistema de Cuidados, si resulta exitoso, contará entre sus logros intangibles el haber desnaturalizado que toda la carga de trabajo vinculado a la reproducción social tiene que recaer sobre las mujeres. Construirá un país más justo, en el que las mujeres tengan las mismas posibilidades que los hombres de realizarse en tanto seres humanos.

Este Sistema también se basa en el derecho a ser cuidado. La niñez resulta clave, no tanto porque sea una inversión para el futuro, sino que su importancia radica en que los niños y niñas tienen derecho a ser cuidados. Es una cuestión de justicia antes que una cuestión estratégica. No es una inversión, es un gasto justo y que no debiera ser necesario justificar con ecuaciones que tengan resultados positivos. Lo mismo pasa con nuestros viejos y nuestras viejas, y por supuesto, con las personas con discapacidad.

Cuando hablamos de educación, es cierto que es estratégico y económicamente rentable formar cada vez más y mejor a los ciudadanos y ciudadanas. Pero antes, y sobre todo, estamos hablando de derechos. La ciudadanía tiene derecho a recibir una educación de calidad.

Tenemos una obligación que nos marca el momento histórico: imaginarnos los centros de estudios del futuro. Este ejercicio nos permitirá diseñar políticas integrales, que no se limiten a ser simples parches inconexos como los propuestos por algunos débiles programas de gobierno de la oposición.

Necesitamos escuelas, liceos, UTUs, facultades, que sean verdaderos centros de la comunidad. Una institución educativa mal estará haciendo su trabajo si no se inserta correctamente en su comunidad, si no puede innovar y conectarse con las necesidades inmediatas de la gente que la rodea y que la habita. Esto se vincula directamente con la propuesta, anunciada por Tabaré, de que los docentes se queden en los centros educativos por lo menos por tres años. A nadie escapa que la forma de asignación de horas actual no contribuye al arraigo de los docentes al centro educativo ni permite la necesaria cercanía entre los educadores, los estudiantes y la comunidad.

Desde el Ir creemos necesario pasar de un sistema de horas efectivas a cargos efectivos, que tengan asiento en un centro educativo o en un conjunto limitado de centros. Esto permitirá radicar a los y las docentes en los centros durante un tiempo mucho más largo que un año.

Asimismo, es fundamental entender, como también dijo Tabaré, que la centralidad del sistema educativo está en los y las estudiantes. Esto implica no sólo trabajar en el desempeño curricular de las personas, sino en la enorme cantidad de elementos que se vinculan (y se ponen en juego) con sus procesos de aprendizaje. Un estudiante, antes, durante y después de las clases se relaciona con sus pares, con la comunidad, a veces con el mundo del trabajo. Centros de enseñanzas que sean verdaderos centros comunitarios serán más capaces de trabajar sobre todos los elementos que operan sobre el proceso de aprendizaje de las personas.

Vinculado a lo anterior, en términos muy concretos, es necesario generalizar el programa Compromiso Educativo. Esta política ha tenido resultados exitosísimos en los centros en los que se ha implementado, reteniendo a la inmensa mayoría de estudiantes. Este programa cubre la necesidad mencionada en el párrafo anterior: trabajar sobre todo el complejo proceso de los y las estudiantes, no sólo en el tiempo en que se imparten conocimientos curriculares dentro del aula.

La conclusión de estas líneas para el Ir es extremadamente simple. ¿Para qué hacer un sistema de cuidados y reformas profundas en la educación? Para asegurar el pleno ejercicio de los derechos humanos. ¿Y por qué? Porque es justo.

Los mártires que son futuro

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Con ese asesinato, el horror empezó a ser una posibilidad para aquellos estudiantes que, en medio de un gobierno democráticamente electo, reclamaban al Presidente Pacheco Areco que dejara de cortar la piola siempre por el lado más fino. La década del 60 en Uruguay supuso el fin de una época de abundancia, que no pudo contemplar las necesidades que las décadas anteriores habían generado. Por ejemplo, miles de estudiantes venían de familias trabajadores que no habían alcanzado, ni cerca, el nivel educativo al que aspiraban sus hijos.

1968 implicó, entre muchas cosas que golpearon al movimiento popular, la violación de la autonomía universitaria que fuera conquistada una década atrás. El presidente colorado Jorge Pacheco Areco realizó allanamientos a locales universitarios sin la orden de un juez ni la presencia de las autoridades de la universidad. A su vez, cursó un pedido al parlamento para destituir a todos los integrantes del Consejo Directivo Central.

El Poder Ejecutivo dictó, ademas, medidas prontas de seguridad, que permiten dejar en suspenso derechos individuales por cuestiones de seguridad. En ese convulsionado contexto, salió Liber a defender a la Universidad el 13 de agosto, en el marco de una alianza entre obreros y estudiantes que hacía de todas las luchas un gran puño único.

A Liber Arce lo mató un policía de un balazo. Policía que dependía del Poder Ejecutivo, obviamente. Fue baleado el 13, y el 14 se murió en el Hospital de Clínicas. La rabia no nos puede hacer olvidar de una cosa sustancial: la generación de Liber y los estudiantes asesinados después, como Susana Pintos y Hugo de los Santos, además de resistir, soñó con un mundo distinto. Querían cambiar el mundo e insistían empecinadamente en que ese cambio estaba a la vuelta de la esquina. Soñaban el futuro, lo defendían, lo construían. Lo militaban.

Acordarse de esa dimensión de futuro es un imperativo de cualquier militante de izquierda. Si no, su muerte habrá sido en vano. Por eso es maravilloso que quienes hoy son estudiantes hayan resuelto que en la marcha de los mártires estudiantiles, primero que nada, se defienda el futuro. Lindo que la memoria, lejos de ser nostalgia, sea recuerdo que produce. Defender el futuro hoy, es, antes que nada, decirle NOALABAJA de la edad de imputabilidad. No puede haber nadie que ponga esa papeleta en octubre. No puede haber nadie que, aun sin saberlo y de buena fe, termine reprimiendo y temiendo a aquello que sí asusta, solo porque es futuro pasible de ser liberador. Ayer eran los subversivos, hoy son los menores a secas. De vuelta, aquello que nos puede permitir cambiar el mundo es puesto en la mira por aquellos que quieren que todo siga igual. Tiene sentido.

El futuro, además de defenderse, se construye. Sigue siendo tan importante como en los sesenta, y antes y después, organizarse. Organizarse para pensar, para discutir, con una premisa: las cosas pueden ser distintas porque el mundo se puede cambiar. El Uruguay está cambiando. No hay nadie satisfecho aún. Organizarse para multiplicar, para profundizar, para imaginar. Es una necesidad urgente, como siempre. Estamos en un punto crítico (como lo es cada elección desde la de 2004): aseguramos lo conquistado y redoblamos, o retrocedemos. Militar hoy por un nuevo gobierno del FA que le de un 6% a la educación es construir futuro, por ejemplo.

Liber, Hugo y Susana tuvieron coraje para soñar con un futuro distinto. Tuvieron amor, y tuvieron confianza en la gente. ¿Tenemos nosotros, hoy, el coraje suficiente para imaginarnos la mañana siguiente radicalmente distinta a este hoy? Si, radical. De raíz. Sin tenerle miedo a las palabras. Es que cambiar el mundo tiene sentido si el mundo que viene es radicalmente distinto.

La premisa sigue siendo la misma que tiene la izquierda desde hace siglos. Generar una sociedad en que los seres humanos puedan realizarse, incorporando la dimensión colectiva. Dimensión colectiva que fundamenta el hablar de convivencia en lugar de inseguridad. Dimensión colectiva que es la base para hablar de todas las formas de violencia (como la violencia doméstica), y no sólo a aquellas que atentan contra la propiedad privada. Esto no es distinto a hablar de la pública felicidad. Implica saber que la felicidad es colectiva, también, para ser individual. Y viceversa. Por eso, de vuelta, a quienes proponen represión, les decimos convivencia.

Liber Arce y todos los y las mártires estudiantiles son mártires, sí. Pero sobre todo, y cada vez más, son futuro. Cambiar el mundo sigue estando a la vuelta de la esquina. Solo tenemos que tener la responsabilidad y el coraje necesarios para animarnos a soñar, a construir, a seguir. Sencillamente, a militar el futuro.

Martín Couto.

Ir – Frente Amplio

Ni un paso atrás

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Los derechos humanos son, indudablemente, una de las áreas en la que se han visto más avances en estos últimos 10 años de gobierno del Frente Amplio. Aunque queda muchísimo por hacer, no tenemos que salirnos del camino marcado por las conquistas recientes y seguir luchando para que cada vez más gente pueda ejercer sus derechos plenamente, en paz y con todas las garantías.

Las recientes conquistas como la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, el Matrimonio Igualitario y la regularización del mercado de cannabis nos pusieron al frente a nivel mundial en la lucha por más derechos, pero también nos comprometen a seguir dando el ejemplo. Es por eso que en octubre, junto con las elecciones nacionales, convocamos a no votar el proyecto de reforma constitucional que establece la baja de la edad de imputabilidad.

Promovemos la formación de la ciudadanía para asumir en conjunto la responsabilidad por mejorar la convivencia desde una perspectiva de derechos, con énfasis en la participación de todas y todos en la construcción colectiva de un proyecto común de sociedad.

Por eso decimos enérgicamente NOALABAJA de la edad de imputabilidad.

Queremos, sin dudas, ganar el plebiscito. Pero queremos, sobre todo, que la sociedad comprenda cabalmente los efectos perversos de hacer responsable a niños, niñas y adolescentes de problemas que generamos y reproducimos nosotros, los adultos. Cada voto a favor de bajar la edad de imputabilidad será una cabeza que nos faltó convencer y ganar para el proyecto político de avance de la sociedad. Nuestra esperanza es que no haya ni un voto a la baja.

La Baja no sirve, no es una medida en la que asumimos la responsabilidad colectiva por la forma en que convivimos. Estigmatiza y reduce un problema multicausal a la idea de que los adolescentes son los grandes causantes de los problemas de convivencia que tenemos, y en particular, de la inseguridad en sí.

La baja de la edad de imputabilidad no soluciona el problema de la inseguridad. No mejora la seguridad porque no es una propuesta bien fundamentada, no se sustenta en ninguna norma legal (tanto nacional como internacional) o social, ni responde a argumentos científicos. No es una propuesta racional.

Según las encuestas, la inseguridad es el tema que más preocupa a los uruguayos. Los que impulsan este plebiscito sostienen que “algo hay que hacer” y algunas personas creen que apoyar esta medida es realmente hacer algo para mejorar la seguridad. Sin embargo, seguún las estadi´sticas, asociar la inseguridad al delito adolescente es un error. Solo el 6% de los asuntos penales iniciados en 2010 corresponden a la justicia penal juvenil.

La Baja es peor, además, porque los danños generados por esta propuesta serían irreversibles tanto para los individuos como para nuestra sociedad. Las cárceles son entornos hostiles que lejos de solucionar la violencia, la potencian. En un sentido más amplio, aprobar esta propuesta nos califica como sociedad que tomó la decisión de no formar y desarrollar a sus jóvenes sino que opta por condenar y reprimir sin asumir que estos jóvenes que delinquen son fruto de la sociedad construida por todos y todas, que no ha podido atender los factores que empujan a estos jóvenes a una vida que difícilmente sea elegida.

Los niños, niñas y adolescentes que delinquen hoy, son hijos de la sociedad que segrega y excluye, aquella que construyeron quienes otrora estuvieron en el gobierno y actualmente, con nuevo disfraz, se erigen en defensores de la sociedad y los buenos vecinos.

Sobre todas las cosas, bajar está mal, muy mal.

Bajando no se hace nada por nadie, no se asegura nada para nadie, tan solo probamos soluciones erradas a problemas más grandes, y precisamente con nuestros jóvenes. Pero no estaremos, de ningún modo, construyendo futuro.

Bajar nos evita reconocer que todo joven parte de una historia que lo llevó a estar en esa situación, visualizar que hay una segunda oportunidad para aquellos que no tuvieron una primera. Estaremos optando, como sociedad, por la exclusión en lugar de la integración. Por el miedo por sobre la confianza, por la venganza sobre la justicia social.

Es tiempo de asegurarnos de no retroceder en derechos, de no dar ni un paso atrás, no dando ni un voto a esta propuesta, NI UN VOTO A LA BAJA.

¿De qué hablamos cuando hablamos de Cuidados?

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El cuidado de personas dependientes, sea porque son niños-as, adultos mayores con limitaciones en su autonomía o personas con discapacidad, ha sido provisto tradicional e históricamente por las familias y, en particular, por las mujeres del hogar.

La entrada masiva de las mujeres al mercado de trabajo, así como al sistema educativo en estas últimas dos décadas, ha generado una menor disposición y disponibilidad de las mujeres a dedicarse de manera exclusiva al cuidado. No obstante, la dinámica social actual, continúa otorgando a las mujeres la obligación y responsabilidad moral exclusiva del cuidado. Esto es en esencia injusto, ya que al hacerse cargo de los cuidados y en general de las tareas del hogar, su tiempo se ve limitado para estudiar, trabajar, disfrutar de momentos de esparcimiento o ser militantes sociales o políticas.

Con la incorporación de los servicios de cuidados (empresas de acompañamiento, centros y residenciales, etc.), o de la contratación de trabajadores-as domésticas remuneradas, las familias con recursos económicos disponibles han podido contratar en el mercado distintas formas de cuidado. Pero aquellas familias que no tienen recursos resuelven los cuidados duplicando las jornadas de las mujeres.

En la actualidad no contamos con una política pública orientada a alivianar la responsabilidad de las mujeres en el cuidado de las familias. En definitiva, quienes pueden lo pagan y quienes no se quedan en su casa. En la actualidad, no existe corresponsabilidad en el cuidado ni a la interna de las familias, ni en el mercado, ni en el Estado.

Dado que el cuidado es un Derecho Humano, el Estado debe asumir la responsabilidad de garantizarlo, para todos y todas los y las ciudadanas de nuestro país. A esa política que proponemos, la denominamos Sistema de Cuidados.

Un Sistema de Cuidados debe garantizar la mejora en la calidad de vida de quienes necesitan cuidados, asegurando el acceso a servicios de cuidados de calidad, provistos por personas formadas para hacerlo y en condiciones laborales adecuadas. Para ello, es necesario que se integre como parte de la política, la formación de las personas dedicadas a esta tarea, así como la impostergable regulación de los servicios de cuidado hoy existentes.

El Frente Amplio se propone, para el próximo gobierno, avanzar en igualdad en derechos e inclusión social, generando política pública al respecto y proponiendo una solución real y concreta a los diversos problemas de cuidados de nuestra sociedad. Se plantea en su programa como una de las propuestas fundamentales para el próximo período de gobierno la construcción de un Sistema Nacional Integrado de Cuidados. En esta línea, el Programa ha avanzado mucho, definiendo las principales líneas y ejes que orientarán la construcción de esta innovadora y necesaria política pública. Tanto a nivel de los componentes, poblaciones y tipos de prestaciones y servicios que comprenderá, así como de la institucionalidad que debería cumplir el rol de regular. Es nuestro compromiso hacer todo lo que sea posible para que esta política se convierta en una realidad el próximo gobierno, mejorando la calidad de vida de todos y cada uno de los y las ciudadanas de nuestro país.

El Ir se ha propuesto aportar a la informacion y formación del tema, para lo cual en su página web se pueden encontrar dos videos informativos. Además realizó hace poco una jornada sobre esta temática, emitida vía streaming para Maldonado. Además de los video que nos ayuden a difundir el tema podes tener también la grabación de la jornada donde participaron Álvaro García, Constanza Moreira y Macarena Gelman.

El video la jornada puede verse en nuestro canal de YouTube, o aqui:

Por qué el Ir

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Belela Herrera

Frenteamplista de la primera hora decido apoyar a Constanza Moreira, que representa un aporte renovado e innovador que ha enriquecido el debate político y social reforzando la discusión en profundidad en temáticas como derechos humanos, matrimonio igualitario, derechos sexuales y reproductivos e igualdad de oportunidades para las mujeres y los jóvenes en todos los ámbitos de la vida social.

Como veterana, aliento el diálogo con los jóvenes del Ir por su idealismo y la mística que aportan a la candidatura de Constanza, porque estos jóvenes toman la bandera de los viejos en sus sueños y esperanzas de un mundo más justo y equitativo, asumiendo el desafío de trabajar por una cultura de la solidaridad, por una América Latina digna, soberana e integrada.

 

Por qué el Ir: Gonzalo Pollo

Soy parte del Ir porque soy de izquierda.

Porque no tenía un sector que me representara y con el surgimiento del Ir lo encontré.

Porque creo que el FA debe repensarse y renovarse.

Porque el país ha mejorado objetivamente en los últimos 10 años pero aún debe mejorar más.

Porque la política está tanto en la vida cotidiana como en la política partidaria.

Porque creo en la política y pienso que sirve para mejorar la vida de las personas.

Porque prefiero ser partícipe y no estar en posiciones desencantadamente cómodas.

Porque quiero ser parte de un colectivo que piense y actué con determinado sentido en la búsqueda de la igualdad, la libertad y los derechos de las personas.

Porque no quiero tener Ejército.

Porque quiero una política menos solemne y más inclusiva.

Porque quiero un sistema político con más mujeres y jóvenes en puestos de representación y decisión.

 

Diane Denoir

Apoyo al Ir porque siempre fuí frenteamplista y quiero que el FA realmente realice transformaciones profundas en la sociedad uruguaya. Por eso es fundamental que el FA no se estanque y es imprescindible una renovación. Que los jóvenes ocupen el lugar que nosotros tuvimos en los 70, 80 y 90 y puedan aportarnos nuevas reflexiones y debates más abiertos. Y porque los Derechos Humanos, la búsqueda de la Verdad y la Memoria deben ser la primera prioridad de un Frente de izquierda.

 

Gonzalo Eyherabide Mántaras

Voto al Ir porque creo que es necesaria una renovación en el Frente Amplio. Como una medida sana tanto para un futuro gobierno, como para la fuerza política. Renovación que trae nuevas ideas, como el avance de los derechos sociales con más justicia e igualdad (la lucha contra la discriminación racial, sexual o de cualquier otro tipo, o la legalización del aborto, por ejemplo) o en ciertos casos viejas ideas que han quedado por el camino no pudiendo soportar los miedos o las presiones propias del desgaste de gobernar (como por ejemplo reducir el demencial e injustificablemente gigantesco volumen del presupuesto destinado al ejército para fines harto mejores y más necesarios, como la educación).

También voto al Ir, porque conozco a algunos de sus referentes desde hace mucho tiempo. Y el voto es siempre, en definitiva, una expresión de algún tipo de confianza.

Y además declaro públicamente mi apoyo al IR, porque no creo que a los intelectuales, publicistas o artistas, tres grupos que integro, nos haga bien simular neutralidad político-partidaria. Debemos practicarla eventualmente en la forma en que actuamos profesional o académicamente, pero en cuanto a nuestra expresión como ciudadanos, considero un derecho, pero también un deber moral decir de qué lado estamos y por qué.

Claro que esta es una época de anti-intelectualidad. Y también en cierta medida de anti-política.

En estos tiempos, veo a muchos intelectuales y artistas callar. Parecería que se han convencido de una idea que flota en la sociedad viciando el aire de la libertad y la democracia, esa idea según la cual la política es irremediablemente mala, mezquina, corrupta. Según la cual “todos los políticos son iguales” (léase sinvergüenzas, ladrones, insensibles, rosqueros, poco dados al genuino servicio público). Una idea funcional a la derecha, porque en la medida en que la política se debilita, las posibilidades de subvertir las relaciones de poder pre-existentes y amenazar al establishment también se debilitan.

Pero una mentalidad así no lleva a nada, o lleva a malos puertos, como la desaparición o suspensión de la democracia. Bien que sabemos esto en Uruguay, aún a a pesar de nuestra brevísima historia.

Creo que podemos haber sido decepcionados por algunos políticos, pero negar la política por eso, es enormemente perjudicial. Los intelectuales podemos vernos tentados de elevar nuestro escepticismo a tal grado, que nos proteja de cometer cualquier error posterior habiendo apoyado a uno u otro grupo político. Es humanamente comprensible. Pero nada en la vida nos salvaguarda de cometer errores. Por ejemplo, en este caso, del error de no jugarse nunca por nada. Deberíamos recordar el espacio que destinó a los que nunca se juegan por nada Dante en la Divina Comedia, a ver si algún tábano nos aguijonea ahora estando en vida.

En resumen, votar al Ir hoy, para mí representa votar por el futuro del Frente, pero también por lo mejor de su pasado.

 

Mariana Percovich

Pertenezco a una generación que nació a la militancia en los años 80, cuando éramos estudiantes. Creíamos en todo, salíamos de la dictadura, se militaba, no había Internet .

Aprendíamos a dialogar con los históricos de la izquierda, con la gente que salía de la cárcel o volvía del exilio.

Mucha agua pasó, muchos cambios. Veo a mis congéneres reticentes, pero cambió la sociedad, la real, la del conocimiento, el Frente Amplio es gobierno y ha recorrido un camino que no ha sido y no es sencillo.

Creo que vale la pena seguir apostando, seguir votando al FA. Creo que nada mejor que hacerlo apoyando a los y las jóvenes de hoy, a los y las que creen, a los y las que quieren seguir peleando.

Hay que apoyar al recambio generacional, hay que poner a las mujeres en la primera línea. Son cambios culturales que el país necesita, más allá de los partidos. El Uruguay tiene que sacudirse y hay que pensar en nuevos términos. Las banderas que usábamos en aquellos tiempos, deben cambiar.

Mujeres profesionales, mujeres trabajadoras, mujeres militantes y jóvenes preparados para crear nuevos relatos, como alguien más joven me dijo. Por eso apoyo al Ir.

¿Por qué un Ministerio de Ambiente?

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La institucionalidad ambiental que hoy existe continúa siendo débil y aislada. La información sobre el estado de los recursos naturales está dispersa y no estamos pudiendo dar cuenta de la forma en que los cambios ambientales afectan el bienestar social. En definitiva, no ha habido una priorización clara de los temas ambientales (Informe del Grupo Geo, 2008).

Por otro lado, existe una orientación directa hacia al estímulo de inversiones de base primaria como la forestación y el complejo celulósico, la actividad agrícola o la minería de gran escala. Estas actividades son en muchos casos contaminantes, consumidoras de espacio y energía, además de concentradoras de la riqueza. Son estimuladas a través de la ley de inversiones y otras medidas impositivas, de las concesiones de zonas francas, y en algún momento, hasta con subsidios directos.

Hasta el momento prima una visión donde ambiente y desarrollo parecen contradictorios. Existe la percepción de que la conservación y protección ambiental es un lujo de los países ricos; cuando en realidad, los países pobres no pueden darse el lujo de degradar sus recursos naturales, base de su economía. Esto incluye los recursos básicos para la producción (suelo y agua) o los subsidiarios para la misma: ecosistemas conservados y biodiversidad local no afectada por presiones exógenas (como los transgénicos).

El desafío actual y futuro es rediseñar los sistemas de producción de forma que se logre generar alimento y otros bienes para la población, tanto a escala local y mundial, y a la vez se logre mantener los bienes y servicios que proveen los ecosistemas naturales (como la generación de agua potable, riego, pesca y recreación), cuyo cuidado no debería ser pensado como contradictorio, sino como fundamental para el desarrollo.

Para enfrentar estos desafíos entendemos necesaria la creación de una institucionalidad fuerte, capaz de hacer frente a las presiones, que atienda a la conservación del ambiente en concordancia con el crecimiento económico y social. Esto es muy difícil de llevar adelante desde el punto de vista político si no se tiene un peso específico.

La situación actual dentro del MVOTMA, un ministerio en el cual las autoridades y el presupuesto están dedicados prioritariamente al tema vivienda, no favorece que la DINAMA sea sólida e independiente. A su vez, algunos ministerios de control (Ganadería, Industria) son a la vez de promoción sectorial, entrando muchas veces en contradicción con las políticas ambientales. Un Ministerio de Ambiente es necesario para garantizar la independencia y la autonomía técnica, mejorar el acceso a la información y promover la sensibilización en temas ambientales, permitiendo así una participación efectiva de la población en la toma de decisiones.

Las políticas ambientales deben ser instrumentadas en forma coordinada, sostenidas en el tiempo y evaluadas mediante monitoreos continuos. La institucionalidad ambiental actual no puede atender adecuadamente estas necesidades porque no está integrada ni es coherente, dada la dispersión de atribuciones tanto a nivel interministerial como a la interna del MVOTMA, y prácticamente no hay coordinación entre organismos.

Con un Ministerio del Ambiente se podrían integrar las políticas de aguas, suelos, aire y ordenamiento territorial. Contaríamos con una autoridad que evaluaría y fiscalizaría las acciones públicas y privadas sobre el ambiente, con despliegue territorial y con una fuerte interacción y cooperación con las Intendencias y otros ministerios y organismos con incidencia en la temática. Esta nueva institución debería abarcar las actuales DINAMA, DINAGUA, DINA Meteorología, DINOT y RENARE (o parte de este organismo, hoy en MGAP). Debería tener competencias en la supervisión de gestión de residuos sólidos urbanos e industriales, fiscalización del vertido de efluentes líquidos urbanos e industriales, fiscalización de ruido y partículas en suspensión de industrias, coordinación de actividades productivas en las cuencas de drenaje de ecosistemas acuáticos prioritarios y la regulación y protección de los humedales del país. También deberían pasar a ser de su competencia el control del uso de agroquímicos y el control ambiental del uso del suelo con fines agrícolas e industriales.

Evidentemente, esta nueva institucionalidad debe ser fuerte y dotada de recursos que garanticen la independencia y la autonomía técnica. Es necesario aumentar la cantidad de funcionarios técnicos y de apoyo con que actualmente cuenta el país para las tareas de aprobación, control y seguimiento de proyectos y planes de gestión ambiental. Hay que mejorar la remuneración general e incorporar el régimen de dedicación total para un porcentaje de los cuadros técnicos, evitando la cooptación de los mismos por el sector privado y la alta rotación del personal. Hace falta, además, fomentar la investigación científica y dotar al Estado de mayores herramientas técnicas y económicas para la evaluación de proyectos y el monitoreo de sus impactos.

Estas ideas son parte de la propuesta integral del Ir en el tema ambiente. Apostamos a que el país genere un modelo de desarrollo sostenible, para el cual un Ministerio de Ambiente es una herramienta fundamental.

La mitad del cielo, la mitad de la tierra, la mitad del poder

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Nuestro país tiene un problema grave en cuanto a la calidad de su democracia. Nosotros y nosotras nos proponemos decir pero también hacer. Además de tener paridad de hombres y mujeres en todos nuestros organismos internos, presentaremos listas paritarias, la mitad de mujeres y la mitad de varones, en el próximo ciclo electoral, superando el tercio que fija la ley de cuotas. Además, apoyamos a Constanza Moreira, la única mujer precandidata a la presidencia de la República.

Aunque pueda parecer anacrónico es importante preguntarnos por qué necesitamos más mujeres en cargos de decisión política. Un gran instrumento de dominación y de ejercicio del poder es la capacidad de presentar lo propio como lo universal. La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, por ejemplo, se pretendía universal, pero no incluía a las mujeres ni a los esclavos en el concepto de “hombre y ciudadano”. En su aparente normalidad, objetividad o neutralidad la universalidad esconde un sujeto históricamente masculino, que muchas veces invisibiliza situaciones, sensibilidades, personas.

Así como es muy difícil -tal vez imposible- que un término represente a todas las personas, situaciones y sensibilidades, creemos lo mismo sobre los seres humanos. Un diputado o diputada no va a poder representar toda la heterogeneidad presente en la sociedad a la que pertenece. Seguramente, habrá sectores de la población que estarán subrepresentados, o no representados en absoluto. Es grave cuando esta situación de subrepresentación ocurre con el 51,991 de la población en Uruguay, las mujeres.

En el período que va de 2005 a 2010, hubo un 25%2 de mujeres ocupando cargos en el gabinete ministerial. En el período actual, sólo el 17,9%3 de los cargos de ministro, subsecretario y director general de secretaría son ejercidos por mujeres (recuérdese siempre que son casi el 52% de la población). En 2005, de los parlamentarios electos, sólo el 10,8%4 fueron mujeres. En 2010 fueron el 14,6%5.  Como primera conclusión, sencilla y sin vueltas: estamos mal, muy mal. La democracia uruguaya no está funcionando.

¿Dónde está el problema? Seguramente difuminado en todos los estamentos, esferas, arenas y grupos que tienen que ver con el proceso de elección de cargos políticos. Sin embargo, el problema más grave es que las mujeres, en Uruguay, en su mayoría siguen sin ser elegibles. A pesar de que la Constitución permite que una mujer sea elegible en igualdad de condiciones, esto no ocurre. Hay innumerables dispositivos que operan en las estructuras partidarias que hacen que las mujeres sean menos consideradas para ocupar cargos de gobierno. Ejemplo de esto es la cantidad de trampas que los partidos y grupos están pergeñando para evitar cumplir con la cuota.6 ¿Tan incapaces creen a las mujeres que cuesta tanto cumplir con ese pobre tercio? ¿Tan poco aportan a la vida política del país? Seguramente el problema no sea que las consideren así estos partidos y grupos. El problema, entonces, está en que quienes tienen el poder -en todas las fuerzas políticas, incluido el FA- no están dispuestos a que se redistribuya.

Argumentar que lo que existe es una especie de libre mercado donde las capacidades son las que regulan todo, es subestimar a las mujeres y creer que -tomando el caso de las elecciones de 2009- solo el 28% del total de las mujeres es capaz de ejercer cargos legislativos. Este absurdo, solo apoyado por alguien que siga creyendo en la superioridad de un género sobre otro, muestra que se debe trabajar sobre los mecanismos que operan en la conformación de las propuestas electorales.

Claro está que a lo largo de la historia las mujeres se han desempeñado principalmente en la esfera privada, postergando el mundo de lo público (empleo, actividad social y política) dejando al hombre “proveedor” en ese ámbito. Sin embargo, en los últimos años y a raíz de las nuevas realidades, las mujeres se han integrado al estudio y al trabajo, pero sin dejar de lado sus tareas de carácter doméstico.

En este sentido, el cuidado de las personas en situación de dependencia sigue siendo casi exclusivamente femenino, una de las razones que podría explicar la tan postergada participación de las mujeres en política. Ser mujer implica normalmente la escasez de uno de los recursos más importantes en política: tiempo. A esto hay que sumarle el denominado “castigo moral”, es decir, el contrato de género que aun está presente en nuestra sociedad e implica que quien lo incumpla está faltando a su mandato social, ateniéndose a las consecuencias.

Es por ello que para poder transformar esta realidad necesitamos una sociedad corresponsable, donde hombre y mujer se ocupen del mundo privado de manera compartida. Pero que también el Estado y la sociedad lo entiendan así. Contar con un Sistema de Cuidados, que garantice que tanto varones como mujeres puedan disponer de su tiempo de manera paritaria, es una clave fundamental para que estos rumbos se conviertan en una realidad.

La historia reciente ha demostrado que el FA tiene problemas para resolver las inequidades de género y le ha costado mucho avanzar específicamente en temas vinculados a la representación política de las mujeres. También la historia reciente ha demostrado que el FA es la única fuerza política que puede llegar a corregir estas inequidades. El Frente Amplio tiene ahora una presidenta mujer -que fue apoyada en elecciones abiertas por buena parte de los y las frenteamplistas-, lo que es un avance en términos de equidad de género y redistribución del poder. Como creemos que el FA es el único camino para resolver estas inequidades, apoyamos a Constanza, para debatir también por qué no podemos pensar en tener una presidenta mujer.

Abrir las estructuras a la participación de las mujeres implica esfuerzos por parte de todos los y las integrantes de dichas organizaciones. En el Ir los vivimos diariamente. Tenemos desde nuestro inicio órganos de dirección paritarios. A veces nos reunimos con varios niños y niñas correteando alrededor, hijos e hijas de nosotros y nosotras. Tenemos diseñado un pequeño sistema de cuidados a nuestra interna, que implica también prever el cuidado de los dependientes durante nuestras reuniones (y festejos), para que sus padres y madres puedan participar. Estos ejemplos, pequeños y propios de nuestro microclima, son ejemplo de los obstáculos que hay que saltar pero también son motivo de orgullo para el Ir. Nos infla el pecho saber que estamos haciendo todos los esfuerzos -con dichos y con hechos- para que haya más participación de las mujeres en política. Este es un aporte que queremos sumar al FA y al sistema político.

Nuestra voluntad política es clara. Que las mujeres tengan la mitad de lo que le corresponde a la humanidad: “la mitad del cielo, la mitad de la tierra, la mitad del poder”.7

1. Datos del Censo de Población de 2011.
2. Fuente: Sistema de Información de Género (SIG) – Inmujeres – MIDES.
3. Fuente: Johnson, Niki (2013) Mujeres en cifras. El acceso de las mujeres a espacios de poder en Uruguay. Montevideo: ICP – FCS – UDELAR – Cotidiano Mujer.
4. SIG – Inmujeres – MIDES.
5. Ibídem.
6. Existe una ley de cuotas, aprobada en el período pasado y que establece para estas elecciones (y solo para estas elecciones de 2014-2015) que debe haber un tercio de mujeres en las listas de los partidos y sectores.
7. Simone de Beauvoir. Filósofa francesa, autora fundante del primer feminismo.

Derechos culturales y derecho de autor: discutamos en serio

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La extensión se incorpora sin debate previo en el artículo 218 del proyecto, el cual eleva en 20 años el dominio privado sobre las obras culturales. De esta manera, se restringe el acceso libre de la sociedad a las mismas, se dificultan y encarecen las actividades culturales y se ponen trabas a los usos educativos del patrimonio cultural.

Dado que en general los titulares de las obras no son los autores ni los intérpretes sino las empresas editoras y productoras de carácter fuertemente concentrado, hay buenas razones para pensar que los verdaderos beneficiados de una medida como la propuesta no serán los creadores. A esto se suma que, en el caso de los autores, se trata de una extensión del plazo del monopolio que ocurre luego de la muerte de los mismos.

La legislación sobre derechos de autor es de enorme importancia para el país, dado que impacta en el derecho de acceso a la cultura, en la circulación del conocimiento y en su distribución social. Una cuestión de esta magnitud merece ser tratada ampliamente y a la luz del día, en un debate público que incluya a los distintos intereses involucrados. Estos intereses incluyen no solo a las entidades de gestión de derechos y a las cámaras empresarias, sino también al vasto y diverso ámbito de los creadores, a las instituciones culturales y educativas y al conjunto de la ciudadanía.

El respeto por los derechos de los creadores debe ejercerse asegurándoles una retribución económica justa como medio de vida por su producción, cuestión que históricamente ha sido dejada de lado por el Estado uruguayo y que los gobiernos del Frente Amplio han comenzado a revertir con el Estatuto del artista y oficios conexos (Ley 18.384) y otras medidas que tienden a profesionalizar el trabajo artístico. Creemos que es mejor profundizar este tipo de medidas, en lugar de imponer restricciones severas al acceso a la cultura.

En el Ir estamos comprometidos con promover una sociedad del conocimiento democrática y participativa. Creemos que el Frente Amplio, como fuerza política de izquierda, debe cuestionar las visiones hegemónicas sobre la propiedad del conocimiento, las cuales alientan una privatización cada día más amplia de los bienes comunes. Estamos convencidos de que la creatividad y el disfrute cultural de las nuevas generaciones no deben restringirse ni reprimirse, sino alentarse por todos los medios posibles, y que esto no necesariamente entra en contradicción con los derechos económicos y morales de los artistas y trabajadores culturales, que incluyen el derecho a un nivel de vida digno y a ser reconocidos por el aporte que realizan a la sociedad.

Le pedimos al Frente Amplio y a nuestros representantes que no voten el artículo 218 de la Rendición de Cuentas y proponemos al  Ministerio de Educación y Cultura la realización de un debate amplio, inclusivo y participativo sobre los derechos de autor.