¿Cómo financiar el 6% del producto para la educación?

Este fin de semana supimos que Tabaré apoya el aumento del presupuesto público para la educación al 6% del producto bruto interno (PBI). Nos alegra mucho que ambos precandidatos del Frente, Constanza y Tabaré apoyen esta iniciativa. Pero veamos el asunto un poco más en general. Durante los gobiernos del Frente Amplio hubo un incremento muy importante del presupuesto para la educación, tanto medido en montos absolutos como medido en porcentajes del producto, tal como se puede ver en la tabla 1.

Año
2000
2001
2002
2003
2004
2005
2006
2011
% del PBI destinado a gasto público en educación
2,4
2,8
2,3
2,1
2,5
2,7
2,9
4,5

A pesar de ello, y fruto de las décadas de abandono y ahogo presupuestal en que la derecha hundió a la educación pública, aun hoy seguimos destinando muy poco presupuesto a la educación. Esto es así tanto si nos comparamos con la región como si nos comparamos con países del primer mundo. Esta realidad se ve claramente en la tabla .

País
Uruguay
Argentina
Brasil
EEUU
Finlandia
% del PBI destinado a gasto público en educación
4,5
5,8
5,8
5,6
6,8
¿Cuál es el sentido de fijarnos un objetivo en lo que hace al porcentaje del PBI destinado a la educación? Una comparación puede resultar gráfica en este sentido. La izquierda ha hecho un esfuerzo importante para llevar el porcentaje del PBI que se dedica a inversiones (en el sentido usual de la palabra) a cifras por arriba del 20%, lo que es indispensable para hacer viable un crecimiento sostenido en el largo plazo. De la misma forma, no es posible tener un desarrollo sustentable a largo plazo si no invertimos en la formación de nuestra gente. No estaremos en igualdad de condiciones con nuestros vecinos y aun menos con los países ricos si no hacemos un esfuerzo económico al menos comparable para financiar la educación. Esto hace el anuncio de Tabaré muy bienvenido. Pero para que esta propuesta no se la lleve el viento es importante bajarla a tierra y transformarla en algo con sentido concreto y a la vez viable.

 

¿De dónde sacar tanto dinero? Porque estamos realmente muy atrás (ver nuevamente la tabla 2). Lamentablemente los pronósticos de la mayor parte de los analistas no permiten esperan un período de crecimiento tan acelerado como el que vivimos en los últimos años. Por ello no es viable que el aumento para la educación provenga exclusivamente del crecimiento del producto (aunque es necesario que una parte importante provenga de este origen). Además, es necesario redistribuir fondos en el presupuesto del Estado. Esto forma parte de la tan mentada reforma del Estado, que, bien entendida, debería permitirnos tener un Estado más eficiente y que cumpla mejor con los objetivos de desarrollo que la izquierda se ha planteado para el país. En otras palabras, hay que achicar o eliminar los sectores del Estado que son superfluos y utilizar ese dinero para los sectores que requieren más recursos.

Ahora bien, ¿cuál es el sector más superfluo del Estado uruguayo? ¿Usted qué piensa, eh? La respuesta es obvia: el ejército. Supongamos que somos totalmente cínicos y que no vamos a establecer ninguna valoración ética sobre los conflictos armados y que solo vamos a discutir el tema en términos de conveniencia pragmática. ¿Existe algún posible conflicto bélico en el que al Uruguay pudiera servirle tener un ejército? ¿Hay algún escenario serio en el que el Uruguay pudiera participar de un conflicto militar y que eso redundara en un beneficio para nuestro país? La respuesta es obvia: no. Sin embargo, Uruguay invierte más en Defensa que sus vecinos como se puede ver en la tabla 3:

 

 

País
Uruguay
Argentina
Brasil
EEUU
Finlandia
% del PBI destinado a gasto público en defensa
1,9
0,9
1,5
4,2
1,5
Es obvio que en el gasto de Defensa hay muchas cosas que no son el ejército. Es claro que tiene sentido que Uruguay profesionalice la protección de su espacio aéreo y marítimo. Es evidente que no estaríamos en condiciones de protegerlos seriamente en un conflicto militar pero, por ejemplo, una armada pequeña pero bien equipada nos serviría para proteger mejor nuestros recursos pesqueros. También, fruto de la última dictadura en el Uruguay, hay varias unidades que están en manos del ministerio de Defensa y que deberían estar en la órbita civil (por ejemplo, meteorología o aviación civil). Pero la mayor parte de ese gasto es superfluo. Concretamente, corresponde a que el Uruguay tiene 27 mil efectivos en el ejército (¡más soldados que maestros y maestras!) [2]. Proponemos entonces no cubrir las vacantes en el ejército y que el dinero liberado no quede en el ministerio de Defensa. Además, proponemos un plan de capacitación para el personal del ejército para que pueda reconvertirse y que aporte realmente al desarrollo del país.

 

A lo anterior debe agregarse el enorme gasto necesario para cubrir el déficit de la Caja Militar. En el Uruguay los militares se jubilan a los 50 años con el 100% de su sueldo. Dichos criterios podrían llegar a justificarse para militares que hayan tenido que enfrentar situaciones de conflicto militar, pero no para personas que en el mejor de los casos cumplen tareas de rutina con desgaste seguramente no mayor al de un profesor de secundaria. El déficit de la Caja Militar aumenta aproximadamente un 50% el gasto en Defensa en el Uruguay [2]. Una reforma de la Caja Militar es una tarea pendiente para nuestros gobiernos de izquierda y debe concretarse imperativamente en el próximo período.

 

Todas estas consideraciones son las que han llevado al Ir a su “antimilitarismo muy primitivo” según las palabras de Fernández Huidobro [3]. Contrariamente a lo que él afirma, no es una especie de ceguera producto de los dolores generados por las violaciones de los derechos humanos a las que sometió este país la última dictadura. Está de más decir que el rol que los militares han cumplido en este país en el último medio siglo agrega un motivo más a los ya enumerados para considerar de manera seria la reducción significativa de nuestro presupuesto militar. Los militantes más “viejos” del Ir se formaron en la defensa del voto verde para que en el Uruguay fuéramos todos iguales ante la ley. Nuestro compromiso con la defensa de la verdad y la justicia ayer y hoy no es un detalle. Pero aun con un hipotético ejército ejemplar en lo que refiere a sus conductas, el gasto que el país le destina a esta institución es indefendible.

 

Volvamos al gasto en educación. ¿Hay alguna garantía de que todo este dinero se gaste bien? Obviamente no. Cuando blancos y colorados hacían de demoler y asfixiar la educación pública uno de sus deportes, muchos de nosotros ya defendíamos en diversos frentes un aumento para la educación asociado a una reforma profunda del sistema de educación público nacional. Las dificultades no son nuevas; las generó la derecha, pero la izquierda no ha sabido hasta ahora tomar las medidas para revertir el enorme deterioro. Por ello, desde ya, queremos ser claros: un aumento del presupuesto para hacer lo mismo, no. Queremos un aumento para cambiar radicalmente la situación de la enseñanza. En un próximo artículo detallaremos nuestras propuestas en este tema, pero vale la pena un adelanto.

 

Qué hacer con la educación es una pregunta que los sectores políticos en el Uruguay (y en el mundo) vienen contestando con una marcada falta de ideas. Sin embargo, hay algunos planes que a pesar de ser evidentes no terminan de concretarse y que queremos resaltar:

Debemos aumentar significativamente el número de escuelas de tiempo completo o extendido.
Es necesario ampliar muchísimo el sistema público de enseñanza inicial.
Es fundamental aumentar la cantidad y calidad de los locales educativos. Además de tener más aulas necesitamos más gimnasios y más espacios de esparcimiento.
Es imperativo apuntar a que en 2020 no haya más de 25 alumnos por clase en educación primaria y media.
Hay que lograr que los docentes de enseñanza media dependan de un liceo y no tengan horas repartidas entre varios liceos. Además, deben tener horas asignadas a la coordinación y no solo a horas de enseñanza directa.
Necesitamos generar un verdadero sistema de educación terciaria y superior coordinado entre sí y con los mayores estándares de calidad. Necesitamos nuevas instituciones que incluyan algunos polos en el interior del país. Es importante que estos nuevos organismos de enseñanza, además de enseñar, hagan investigación original.
En particular, es indispensable que la formación de los docentes pase a ser genuinamente de nivel universitario. Es necesario que la institución en que se formen no solo se dedique a la enseñanza sino que, además, haga investigación no solo en temas de docencia sino también disciplinar.
Es indispensable aumentar los sueldos de maestros y profesores, apuntando a sistemas de ascenso y promoción basados en los méritos y no en la antigüedad.

Sólo estos cambios de perogrullo ya se llevan el aumento. Discutiremos estas y otras cuestiones en mayor detalle en nuestro próximo artículo.

 

[1] http://data.worldbank.org/

 

 

[2] Constanza Moreira, Brecha, 15 de octubre de 2012.

 

 

[3] Fernández Huidobro, entrevista en Búsqueda, 9 de enero de 2013.