Los clasificadores de residuos: la inclusión social y la necesidad de un debate de izquierda

Los residuos sólidos urbanos (RSU), sobre todo los domiciliarios (RSD), son parte de la vida privada de las personas y a la vez una cuestión colectiva. Estos residuos que unos desechan y otros buscan, recogen y utilizan, van a parar a alguna parte. En ese largo camino, una vez que introducimos los residuos en una bolsa, se convierten en un bien público, regulados por normas que indican qué debe hacerse con ellos. Así, los residuos impactan nuestra vida pública cuando –por ejemplo- los recolectores no pasan o cuando se paga por esa recolección. Impactan en la vida privada de los recolectores informales, los “clasificadores”, que recolectan para sobrevivir y el efecto público de lo que queda desparramado en las calles o alrededor del contenedor.

En el área metropolitana, el 70% del reciclaje de los RSU es realizado por clasificadores; es decir que sin clasificadores no hay reciclaje. Sin embargo los clasificadores de residuos constituyen uno de los sectores sociales que sufren mayor exclusión social.

No obstante ello, la clasificación informal de residuos plantea una relación muy clara entre pobreza y ambiente: en general, la clasificación “fina” se realiza en el hogar con participación de la familia. Básicamente lo que sucede es que al tratarse de una actividad en la que generalmente participa toda la familia, se ven involucrados los niños, las niñas y adolescentes. Es así que además de ser una forma de trabajo infantil, ayuda a consolidar el ciclo de reproducción de la pobreza, al transmitir el “saber hacer” de una generación a otra.  Es por eso que no hablamos de clasificadores (en un sentido individual) sino de “familias clasificadoras”. La clasificación y recolección de residuos se encuentra relacionada con situaciones de riesgo sanitario que afectan a todos los miembros del hogar, más allá que estos se encuentren directamente vinculados, o no, a la actividad. Estos elementos impactan en mayor medida en niños, niñas y adolescentes, tanto generando importantes riesgos a su salud como afectando su tránsito en el sistema educativo formal.

Estos habitantes de la ciudad, además de estar excluidos por la informalidad de su trabajo, y la falta de reconocimiento social de su tarea, han sido expulsados a la periferia de las ciudades; es decir que, además, han sido excluidos territorialmente. En general los clasificadores viven en asentamientos irregulares en los que se concentran los basurales más críticos. Acaban conviviendo con los residuos orgánicos e inorgánicos que han trasladado hasta allí para clasificar, y con la contaminación derivada de la falta de servicios públicos de agua potable y de saneamiento.

En el IR entendemos que la izquierda se debe un debate profundo sobre el tema “clasificadores”, debemos dirimir entre posiciones que aunque aisladas, todas son de izquierda; para luego crear una política al respecto sobre cuál es para Montevideo -y su entorno- el mejor camino para la inclusión social de las familias clasificadoras.

Es decir, ¿debemos promover su emprendeurismo dentro de la informalidad? o ¿restringir su actividad paulatinamente, reconvirtiéndolos hacia trabajos formales como las plantas de reciclaje, entre otros? o ¿esperar que la economía “de izquierda” genere suficientes puestos de trabajo para estos grupos y los absorba?

Más allá del debate que sin dudas nos debemos dentro de la izquierda, en el IR nos inclinamos por mejorar y aumentar los programas de reconversión laboral con acompañamiento técnico en la inserción laboral en el proceso para aquellos que no tienen lugar en las plantas de reciclaje. Esto implica, sin lugar a dudas, la coordinación con el gobierno nacional y en particular con el Ministerio de Desarrollo Social.

Además, creemos que la estrategia de inclusión y reconversión de las y los clasificadores tiene que ir de la mano con el diseño del sistema de recolección de residuos que usa la

Intendencia

El camino de formalizar la actividad son las plantas de reciclaje lo cual exige buscar otras alternativas ya que no es una salida viable para todas las personas que hoy se dedican a la tarea, en este sentido es necesario capacitar y reconvertir laboralmente analizando cada uno de los casos y pudiendo desarrollar y/o profundizar oficios para las personas que hoy en día son clasificadores.

Las experiencias de inclusión social de clasificadores realizadas hasta el momento no han tenido un mayor impacto por diversas razones, pero principalmente porque han sido parciales, inconexas y de corto alcance, por lo cual no han afectado a un número significativo de clasificadores.

Por último, es importante señalar que la propuesta de la derecha de cambiar los carros con caballos por otros carros con moto, tiene un carácter puramente electoral, es una propuesta que no hace otra cosa que continuar con la reproducción de la clasificación por fuera del sistema de recolección y sobre todo no representa avances en cuanto a  la inclusión social.