Netflix y el Cine Nacional

Compartir

El IR apoyó esta iniciativa que trata de adecuar nuestra normativa a un mundo que ha cambiado. Es simplemente un tema de justicia que los servicios Over The Top (OTT) – servicios de contenido de video y audio por internet – tributen en los países en que se consumen sus servicios. En la Unión Europea, Colombia, Brasil o Argentina existen distintas propuestas sobre como gravar la actividad de los OTT.

Según las estimaciones más conservadoras Netflix (que opera en Uruguay desde 2011) tiene entre un mínimo de 150 mil usuarios y hasta un máximo de 500 mil en Uruguay (según El perfil del internauta confeccionado por el Grupo Radar, en 2016) y obtuvo, en el primer trimestre del año, 178 millones de dólares de ganancia a nivel mundial. Cabe destacar que casi el 50% de los usuarios totales de la empresa (44.4 millones de los usuarios) viven fuera de Estados Unidos.

El Fondo del Cine, creado por ley en 2008 con el cometido el fomento de la producción audiovisual nacional, no tiene en la actualidad mecanismos de ajuste automático que le permitan no perder poder de compra y tampoco aumentarlo. Esta situación fue enmendada parcialmente en 2015 luego de una larga lucha principalmente a cargo de los productores y realizadores asociados en ASOPROD. Lucha que la bancada del Frenta Amplio supo entender y acompañar con esa modificación (se aumentó en 18 millones de pesos el Fondo pero no se generó un procedimiento de ajuste automático).

Una manera de actualizar el Fondo del Cine es afectar la renta producida por impuestos vinculados al audiovisual. Esto permitiría no sólo el ajuste automático del Fondo sino también una relación directa entre lo que se consume en el país y la promoción de la producción audiovisual nacional. De esto existen ejemplos a nivel internacional como por ejemplo: En la provincia de Santa Fe, Argentina, se gravó a Netfilx con un 3,6% sobre la cuota ( del producido, el 25% se destina a la producción audiovisual local) y en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires tiene un impuesto de 3%. En ninguno de los dos casos aumentó la cuota del usuario. Y hay más ejemplos como Alemania, Francia e Italia que anunciaron un aumento en los estímulos a la producción audiovisual basados en tazas e impuestos como entradas de cine (Francia 10,74%) la distribución, las televisoras y las telefónicas que emiten imágenes. El potente cine británico se financia en buena medida a través de un impuesto a la Lotería Nacional. Como vemos sobran ejemplos.

Asoprod, por su parte, ha propuesto que las plataformas como Netflix tengan obligatoriamente que incluir un porcentaje mínimo de producción local en su oferta, medida que ya se ha tomado en Brasil y en la Unión Europea. Tanto destinar una parte de lo recaudado con el gravamen a estas plataformas a la producción nacional independiente, como exigir una cuota de producción nacional, podría encaminarnos a una política audiovisual moderna y fructífera. En es en este sentido que el IR propuso que lo recaudado por “el impuesto a Netflix” sea direccionado al Fondo del Cine.

La Rendición de Cuentas correspondiente al Ejercicio 2016 que se acaba de votar no fue un proyecto sencillo de tramitar para el Frente Amplio debido a la pérdida del voto 50. La responsabilidad política que exigía el escenario que enfrentamos nos hizo a todos y todas enfocarnos en tener una ley de Rendición de Cuentas que avanzara en los objetivos programáticos. Esto implicó un esfuerzo de concentración en los temas que eran claves para generar los acuerdos necesarios y así lograr la aprobación de la ley. No obstante, anotar los pendientes nos permitirá que lo importante no quede preso de lo urgente en el futuro. Creemos que el ajuste automático del Fondo del Cine y la adjudicación al mismo lo generado por impuestos y, mas en lo general, una revisión de las políticas públicas nacionales hacia el audiovisual, son temas pendientes de enorme importancia y que no admiten quedar en un permanente segundo plano.