Por qué votar al Ir es la mejor forma de votar a Constanza. Tres razones/emociones.

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*Por Gonzalo Eyherabide

Voy a votar al Ir. Por ende, voy a votar a Constanza Moreira. Sin embargo, me consta que hay personas de izquierda que por una u otra razón han hecho el camino inverso. Piensan votar a Constanza y ahora se preguntan a través de qué lista hacerlo.

Las opciones en Montevideo son estas. Hay seis formas de votar a Constanza: con el Ir (lista 329) o a través de las listas 3311 (integrada entre otros por el PVP); 1642 Magnolia; 1968 del PST; 642 del MIA o 7152 Resistir.

¿Por qué considero que votar al Ir es la mejor forma y la más útil de votar a Constanza?

1) El Ir es una verdadera organización política colectiva, en marcha y dinámico funcionamiento. Trabaja a nivel presencial y también incorporando desde el vamos el correo electrónico y las redes sociales a su moderna forma de organización, elaboración política, procesamiento del debate y toma de decisiones. Se puede tener un excelente candidato, pero hace falta una organización con ideas potentes y capacidad de acción pragmática que dé fuerza y legitimidad, y que a la vez arrope e incluso contenga a dicho candidato (esto es esencial a la hora tanto de parlamentar como de gobernar). Creo firmemente (lo aplico a diario en la agencia de publicidad de la que tengo la felicidad de ser parte) que la inteligencia no es un fenómeno individual, sino colectivo. Además, el Ir es un grupo preexistente a la aparición de Constanza en el escenario del Frente como precandidata a la Presidencia y seguirá existiendo y desarrollándose en conjunto o independencia a lo que ocurra con la figura pública de Constanza (es decir que la apoya, pero en nada depende de ella).

2) Constanza ha hecho mucho hincapié en su discurso acerca de la importancia de la participación de las mujeres y los jóvenes en política. Así que quizá usted esté tentado/a de votar a Constanza por esta razón. Si es así, no encontrará mejor opción que el Ir. Es el grupo que aun antes de la promulgación de la ley actual de cuota política femenina había decidido (y cumplió) tener la misma cantidad de mujeres que de hombres en sus listas (mucho más de lo que la ley exige). Macarena Gelman es la primera suplente de Constanza y tiene hoy reales chances de entrar al parlamento. Y en cuanto a juventud, dudo que otro grupo ya no del Frente sino de todo el espectro político nacional, pueda mostrar tales credenciales en términos de renovación generacional.

3) El Ir es crítico y autocrítico a fondo. Esto está vinculado a la primera razón/emoción expuesta. No me fío de la transgresión o el radicalismo por sí mismos. Hay personas de izquierda (y esto es ya una tradición) que simplemente se pondrán siempre del lado de la minoría en cualquier grupo político o asamblea a la que asistan. Es una suerte de síndrome de menchevique. Ser siempre el que está en desventaja tiene para algunos sus propias aparentes ventajas psicológicas (¿acaso el sentirse siempre independiente, o más libre?). Ahora, hay algo más detestable que esto por la irracionalidad, pero también la inmoralidad que implica: es el caso del que, por el contrario, se convierte en eterno obsecuente. Se trata de una forma de alcahuetería, ese tipo de obediencia que en algún momento destruye el sentido crítico y autocrítico tan necesarios para un buen político y aun más necesarios para un intelectual cabal. Un amigo que también integra el Ir me lo recordó hace algunos años de esta sabia manera: “si se deja de decir lo que se piensa, es posible que se deje también de pensarlo”. De los primeros mencheviques, ha habido siempre pintorescos y folclóricos ejemplos en nuestra izquierda (hasta es posible que ahora los extrañemos un poco). De los segundos obsecuentes, se ha plagado infamemente el Frente Amplio. Desgraciado vicio que conlleva el ejercicio del poder, supongo. Puede usted estar seguro/a, como votante (y es acaso el principal valor que hoy veo en el Ir) de que este es un grupo con identidad y criterios propios. Que ha desarrollado ideas y vuelto a poner sobre la mesa iniciativas de gran valor, al punto de que Constanza ha integrado varias de ellas a su campaña. El Ir integra el Frente Amplio y hoy apoya a Constanza. Pero es independiente, crítico y autocrítico y no será uno más del rebaño en el parlamento, sino que servirá con gran celo ejerciendo los controles que todo gobierno y poder deben tener dentro de su propio seno, para que se haga lo que se debe hacer (políticas de izquierda) y como se debe hacer (con ética a toda prueba).

Uruguay x+: siempre con la gente adentro

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Astori en su exposición habló de innumerables puntos que no estamos  acostumbrados a escuchar en discursos sobre economía. Universalismo y focalización, enfoque de derechos, inclusión, reconocimiento recíproco de las personas, equidad; son algunos de los puntos que el FA considera dentro de su política económica. Así, la política económica está directamente involucrada en todas las profundas transformaciones sociales que el país ya vivió, y en las que el Frente propone para el próximo período de gobierno.

Hubo, a su vez, un planteo muy fuerte de defensa de la política frente a la tecnocracia. Y esto es un elemento crucial para la democracia y la vida de la gente, aunque a priori parezca sólo una cuestión dialéctica entre posibles futuros ministros de economía del FA y de la oposición. Creemos que las decisiones son siempre políticas. Pero cuando nos quieren hacer creer que es en el terreno técnico en el que se resolverá, sólo nos están arrebatando, a la ciudadanía, la posibilidad de opinar y de controlar: de hacer política.

Mientras las decisiones estén en la esfera de la política, cualquiera podrá disentir y poner el grito en el cielo. Cuando lo que legitima una medida es el saber técnico, sólo aquellos que compartan ese saber podrán opinar. Pero la decisión será siempre política.

Una alerta para los incautos: estamos muy lejos de adherirnos a discursos que desprecien el saber técnico o a los y las intelectuales. Creemos que el FA ha dado muestras excelentes de cómo se debe integrar el saber técnico para tomar decisiones políticas informadas. Esta defensa de la política es un rasgo de la izquierda que creemos que hay que acentuar cada vez más.

Junto con esto, Astori recalcó que hay una política económica de izquierda, barriendo de un plumazo con la falsa idea instalada de que la política económica del Frente es continuadora de la de blancos y colorados. Básicamente, se trata sí, de que los indicadores macroeconómicos cierren. Pero esto –que las cuentas cierren- lo hace hasta el más despiadado empresario.

La forma más sencilla de que los números cierren es ajustar en la gente. Contra la gente. La derecha ya mostró que en el momento en que las cuentas no cierran, realiza ajustes fiscales que obviamente los pagan los trabajadores y jubilados. Y las cuentas a veces les cerraban, pero a la gente les dejaban de cerrar.

Por eso es que hay una forma de combatir la inflación y manejar el déficit fiscal que es de izquierda. Por eso, es que el equilibrio macroeconómico del FA no tienen nada que ver con el de la derecha. El nuestro, es con la gente adentro. Siempre con la gente adentro.

Por último, la política económica de izquierda muestra un gran dinamismo y una capacidad de adaptación a los cambios que el propio FA ha buscado. Y los cambios los determina la política, no el saber técnico. Si tomamos dos grandes elementos de la política económica frenteamplista, como la reforma tributaria y la promoción de inversiones, veremos que no son políticas estáticas, sino que se han profundizado a medida que los cambios en el país (y sobre todo en la calidad de vida de la gente) se fueron notando.

En la reforma tributaria, por ejemplo el aumento sostenido del mínimo no imponible es un buen ejemplo de una medida que progresivamente busca la profundización de la equidad tributaria. Asimismo, las propuestas de nuevas deducciones al IRPF y el futuro cálculo de los aguinaldos y salarios vacacionales por separado, son ejemplos de cambios que genera la izquierda, atendiendo demandas justas y legítimas de la clase media uruguaya.

En cuanto a la promoción de inversiones el programa del FA es muy claro para el próximo período: deberemos seguir ajustando estos instrumentos, para que quien venga a invertir lo haga cada vez más en ciertos sectores, que impliquen un alto valor agregado y procesos virtuosos, como la incorporación de tecnología.

En síntesis, lo que queremos subrayar es el incontrastable hecho de que el FA le ha devuelto la política a la gente. Esto es más democracia. Y esta es la base para estar seguros de que la profundización de reformas estructurales iniciadas y la generación de nuevas reformas, están a la vuelta de la esquina.

x+ Derechos

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El FA explicó, a través de la voz de Tabaré, con claridad y sustento sus planes. Conviene siempre, en política como en otros órdenes de la vida, preguntarse cada tanto -como un ejercicio infinito- para qué. Para qué hacemos lo que hacemos. Para qué estamos proponiendo estas cosas. En este caso, elegimos por sobre los fundamentos estratégicos, funcionales o económicos (frecuentemente economicistas), concebir a las propuestas programáticas del FA desde un enfoque de derechos. Esto implica entender que lo fundamental es el pleno ejercicio de derechos por parte de la ciudadanía. Implica, antes aún, reconocer que existen derechos que hoy no están satisfactoriamente asegurados. Por tanto, implica en primer lugar, alejarnos de planteos como los de Lacalle Pou, que fundamentan las políticas en términos de “ayudas” a la gente.

Entender un Sistema de Cuidados desde una perspectiva de izquierda que priorice los derechos de ciudadanos y ciudadanas incluye pensarlo como una cuestión estratégica para el país y la reproducción social. Pero implica saber que esa no es la razón primera ni la más importante. Un Sistema de Cuidados resulta imprescindible porque las mujeres tienen derecho a que la carga de la reproducción social sea compartida con los hombres. Es una cuestión de justicia. Y el Estado en tanto organización que nos nuclea a todos y todas, no tiene otra opción que hacerse cargo.

El Sistema de Cuidados, si resulta exitoso, contará entre sus logros intangibles el haber desnaturalizado que toda la carga de trabajo vinculado a la reproducción social tiene que recaer sobre las mujeres. Construirá un país más justo, en el que las mujeres tengan las mismas posibilidades que los hombres de realizarse en tanto seres humanos.

Este Sistema también se basa en el derecho a ser cuidado. La niñez resulta clave, no tanto porque sea una inversión para el futuro, sino que su importancia radica en que los niños y niñas tienen derecho a ser cuidados. Es una cuestión de justicia antes que una cuestión estratégica. No es una inversión, es un gasto justo y que no debiera ser necesario justificar con ecuaciones que tengan resultados positivos. Lo mismo pasa con nuestros viejos y nuestras viejas, y por supuesto, con las personas con discapacidad.

Cuando hablamos de educación, es cierto que es estratégico y económicamente rentable formar cada vez más y mejor a los ciudadanos y ciudadanas. Pero antes, y sobre todo, estamos hablando de derechos. La ciudadanía tiene derecho a recibir una educación de calidad.

Tenemos una obligación que nos marca el momento histórico: imaginarnos los centros de estudios del futuro. Este ejercicio nos permitirá diseñar políticas integrales, que no se limiten a ser simples parches inconexos como los propuestos por algunos débiles programas de gobierno de la oposición.

Necesitamos escuelas, liceos, UTUs, facultades, que sean verdaderos centros de la comunidad. Una institución educativa mal estará haciendo su trabajo si no se inserta correctamente en su comunidad, si no puede innovar y conectarse con las necesidades inmediatas de la gente que la rodea y que la habita. Esto se vincula directamente con la propuesta, anunciada por Tabaré, de que los docentes se queden en los centros educativos por lo menos por tres años. A nadie escapa que la forma de asignación de horas actual no contribuye al arraigo de los docentes al centro educativo ni permite la necesaria cercanía entre los educadores, los estudiantes y la comunidad.

Desde el Ir creemos necesario pasar de un sistema de horas efectivas a cargos efectivos, que tengan asiento en un centro educativo o en un conjunto limitado de centros. Esto permitirá radicar a los y las docentes en los centros durante un tiempo mucho más largo que un año.

Asimismo, es fundamental entender, como también dijo Tabaré, que la centralidad del sistema educativo está en los y las estudiantes. Esto implica no sólo trabajar en el desempeño curricular de las personas, sino en la enorme cantidad de elementos que se vinculan (y se ponen en juego) con sus procesos de aprendizaje. Un estudiante, antes, durante y después de las clases se relaciona con sus pares, con la comunidad, a veces con el mundo del trabajo. Centros de enseñanzas que sean verdaderos centros comunitarios serán más capaces de trabajar sobre todos los elementos que operan sobre el proceso de aprendizaje de las personas.

Vinculado a lo anterior, en términos muy concretos, es necesario generalizar el programa Compromiso Educativo. Esta política ha tenido resultados exitosísimos en los centros en los que se ha implementado, reteniendo a la inmensa mayoría de estudiantes. Este programa cubre la necesidad mencionada en el párrafo anterior: trabajar sobre todo el complejo proceso de los y las estudiantes, no sólo en el tiempo en que se imparten conocimientos curriculares dentro del aula.

La conclusión de estas líneas para el Ir es extremadamente simple. ¿Para qué hacer un sistema de cuidados y reformas profundas en la educación? Para asegurar el pleno ejercicio de los derechos humanos. ¿Y por qué? Porque es justo.

“El poder del grupo”

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No voy a escribir sobre el nuevo rector de la Universidad de la República. Ni sobre Álvaro Rico. Tuve y tengo una posición muy clara sobre cuál era el mejor candidato y cuál el mejor rumbo para nuestra Universidad. Pero me resulta imprescindible, vital, reflexionar sobre la violación del mandato de la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay (FEUU) por parte de algunos delegados estudiantiles en la última Asamblea General del Claustro (AGC).

La semana pasada, el movimiento popular uruguayo sufrió una importante herida. Lejos de adherir a fatalismos que sólo conducen a la paralización y a la inacción, creo que es una herida que puede cerrar en poco tiempo. Pero también puede seguir abierta y agrandarse cada vez más. Depende del camino que tomen quienes hoy están en la FEUU.

Es necesaria una síntesis política de lo que pasó en la FEUU, que permita producir y construir en la mañana siguiente. Para eso, para corregir y volver a construir (y reconstruir), me parece riesgoso justificar y minimizar lo ocurrido. Hay una serie de argumentos que relativizan lo que pasó, que son discutibles y peligrosos.

Un argumento es que la escasa participación social, que por supuesto también golpea a la FEUU desde hace años, permite entender que la resolución del gremio no es tan representativa y, por tanto, no es tan grave violar su mandato. Con este criterio, al debilitamiento de los sujetos colectivos le estaríamos respondiendo con la liquidación de los sujetos colectivos. Elijo, por el contrario, construir y reconstruir.

Otra línea argumental considera anacrónico que la FEUU pretenda votar en bloque. Algo así como que la FEUU, al no seguir el criterio de los otros órdenes (que votan dispersos y que resuelven sin criterios comunes), adquiere un poder exagerado, un poder de otro tiempo. Sigo creyendo, por el contrario, que la potencia de las herramientas depende de su unidad. Y que si las organizaciones populares no son muy potentes, los proyectos de país conservadores, individualistas y excluyentes tienen la batalla ganada.

El tercer argumento es que la Ley Orgánica (LO) universitaria no establece cómo deben resolver los delegados. Y que no se violó ningún artículo de la LO. Es cierto. Sin embargo, ¿los movimientos populares se rigen por leyes votadas por el Parlamento? Lo que se violentó fue un acuerdo colectivo básico: discutimos, pero llegamos todos juntos.

Una FEUU debilitada -a la que a veces le cuesta ver el reflejo de la frase con la que cierra sus documentos (“por todo lo que nos une”)- necesita un mínimo de acuerdos colectivos que le permitan, mientras intenta revertir sus debilidades, seguir viviendo. Votar juntos a un candidato a rector era uno de esos acuerdos colectivos, que no fue rediscutido: simplemente fue violentado en forma unilateral.

Pero, ¿qué implica acatar un mandato? ¿Qué implica aceptar la opinión de la mayoría como propia, más allá de la posición individual? Implica entender que las resoluciones colectivas son siempre mejores, más profundas, más capaces que las individuales. Cuando acato algo con lo que no estaba de acuerdo, no lo hago por obligación, sino por una concepción que le otorga al grupo mayor capacidad de resolver en un sentido correcto. Ése es el “poder del grupo” del que hablaba la murga Queso Magro en 2009: “Un poder que no es de nadie y es de todos. / Un poder compartido que no admite otro modo. / Mi voz se duplica, se agranda lo que veo. / Yo soy todo lo que quiero / junto con mis compañeros”.

Les tengo una gran noticia a aquellos que quieren ver bien a la FEUU: hay una barra de militantes que tienen claro el rumbo y ya están construyendo. Será cuestión de dejarlos hacer y ser.

Martin Couto

Los mártires que son futuro

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Con ese asesinato, el horror empezó a ser una posibilidad para aquellos estudiantes que, en medio de un gobierno democráticamente electo, reclamaban al Presidente Pacheco Areco que dejara de cortar la piola siempre por el lado más fino. La década del 60 en Uruguay supuso el fin de una época de abundancia, que no pudo contemplar las necesidades que las décadas anteriores habían generado. Por ejemplo, miles de estudiantes venían de familias trabajadores que no habían alcanzado, ni cerca, el nivel educativo al que aspiraban sus hijos.

1968 implicó, entre muchas cosas que golpearon al movimiento popular, la violación de la autonomía universitaria que fuera conquistada una década atrás. El presidente colorado Jorge Pacheco Areco realizó allanamientos a locales universitarios sin la orden de un juez ni la presencia de las autoridades de la universidad. A su vez, cursó un pedido al parlamento para destituir a todos los integrantes del Consejo Directivo Central.

El Poder Ejecutivo dictó, ademas, medidas prontas de seguridad, que permiten dejar en suspenso derechos individuales por cuestiones de seguridad. En ese convulsionado contexto, salió Liber a defender a la Universidad el 13 de agosto, en el marco de una alianza entre obreros y estudiantes que hacía de todas las luchas un gran puño único.

A Liber Arce lo mató un policía de un balazo. Policía que dependía del Poder Ejecutivo, obviamente. Fue baleado el 13, y el 14 se murió en el Hospital de Clínicas. La rabia no nos puede hacer olvidar de una cosa sustancial: la generación de Liber y los estudiantes asesinados después, como Susana Pintos y Hugo de los Santos, además de resistir, soñó con un mundo distinto. Querían cambiar el mundo e insistían empecinadamente en que ese cambio estaba a la vuelta de la esquina. Soñaban el futuro, lo defendían, lo construían. Lo militaban.

Acordarse de esa dimensión de futuro es un imperativo de cualquier militante de izquierda. Si no, su muerte habrá sido en vano. Por eso es maravilloso que quienes hoy son estudiantes hayan resuelto que en la marcha de los mártires estudiantiles, primero que nada, se defienda el futuro. Lindo que la memoria, lejos de ser nostalgia, sea recuerdo que produce. Defender el futuro hoy, es, antes que nada, decirle NOALABAJA de la edad de imputabilidad. No puede haber nadie que ponga esa papeleta en octubre. No puede haber nadie que, aun sin saberlo y de buena fe, termine reprimiendo y temiendo a aquello que sí asusta, solo porque es futuro pasible de ser liberador. Ayer eran los subversivos, hoy son los menores a secas. De vuelta, aquello que nos puede permitir cambiar el mundo es puesto en la mira por aquellos que quieren que todo siga igual. Tiene sentido.

El futuro, además de defenderse, se construye. Sigue siendo tan importante como en los sesenta, y antes y después, organizarse. Organizarse para pensar, para discutir, con una premisa: las cosas pueden ser distintas porque el mundo se puede cambiar. El Uruguay está cambiando. No hay nadie satisfecho aún. Organizarse para multiplicar, para profundizar, para imaginar. Es una necesidad urgente, como siempre. Estamos en un punto crítico (como lo es cada elección desde la de 2004): aseguramos lo conquistado y redoblamos, o retrocedemos. Militar hoy por un nuevo gobierno del FA que le de un 6% a la educación es construir futuro, por ejemplo.

Liber, Hugo y Susana tuvieron coraje para soñar con un futuro distinto. Tuvieron amor, y tuvieron confianza en la gente. ¿Tenemos nosotros, hoy, el coraje suficiente para imaginarnos la mañana siguiente radicalmente distinta a este hoy? Si, radical. De raíz. Sin tenerle miedo a las palabras. Es que cambiar el mundo tiene sentido si el mundo que viene es radicalmente distinto.

La premisa sigue siendo la misma que tiene la izquierda desde hace siglos. Generar una sociedad en que los seres humanos puedan realizarse, incorporando la dimensión colectiva. Dimensión colectiva que fundamenta el hablar de convivencia en lugar de inseguridad. Dimensión colectiva que es la base para hablar de todas las formas de violencia (como la violencia doméstica), y no sólo a aquellas que atentan contra la propiedad privada. Esto no es distinto a hablar de la pública felicidad. Implica saber que la felicidad es colectiva, también, para ser individual. Y viceversa. Por eso, de vuelta, a quienes proponen represión, les decimos convivencia.

Liber Arce y todos los y las mártires estudiantiles son mártires, sí. Pero sobre todo, y cada vez más, son futuro. Cambiar el mundo sigue estando a la vuelta de la esquina. Solo tenemos que tener la responsabilidad y el coraje necesarios para animarnos a soñar, a construir, a seguir. Sencillamente, a militar el futuro.

Martín Couto.

Ir – Frente Amplio

Ni un paso atrás

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Los derechos humanos son, indudablemente, una de las áreas en la que se han visto más avances en estos últimos 10 años de gobierno del Frente Amplio. Aunque queda muchísimo por hacer, no tenemos que salirnos del camino marcado por las conquistas recientes y seguir luchando para que cada vez más gente pueda ejercer sus derechos plenamente, en paz y con todas las garantías.

Las recientes conquistas como la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, el Matrimonio Igualitario y la regularización del mercado de cannabis nos pusieron al frente a nivel mundial en la lucha por más derechos, pero también nos comprometen a seguir dando el ejemplo. Es por eso que en octubre, junto con las elecciones nacionales, convocamos a no votar el proyecto de reforma constitucional que establece la baja de la edad de imputabilidad.

Promovemos la formación de la ciudadanía para asumir en conjunto la responsabilidad por mejorar la convivencia desde una perspectiva de derechos, con énfasis en la participación de todas y todos en la construcción colectiva de un proyecto común de sociedad.

Por eso decimos enérgicamente NOALABAJA de la edad de imputabilidad.

Queremos, sin dudas, ganar el plebiscito. Pero queremos, sobre todo, que la sociedad comprenda cabalmente los efectos perversos de hacer responsable a niños, niñas y adolescentes de problemas que generamos y reproducimos nosotros, los adultos. Cada voto a favor de bajar la edad de imputabilidad será una cabeza que nos faltó convencer y ganar para el proyecto político de avance de la sociedad. Nuestra esperanza es que no haya ni un voto a la baja.

La Baja no sirve, no es una medida en la que asumimos la responsabilidad colectiva por la forma en que convivimos. Estigmatiza y reduce un problema multicausal a la idea de que los adolescentes son los grandes causantes de los problemas de convivencia que tenemos, y en particular, de la inseguridad en sí.

La baja de la edad de imputabilidad no soluciona el problema de la inseguridad. No mejora la seguridad porque no es una propuesta bien fundamentada, no se sustenta en ninguna norma legal (tanto nacional como internacional) o social, ni responde a argumentos científicos. No es una propuesta racional.

Según las encuestas, la inseguridad es el tema que más preocupa a los uruguayos. Los que impulsan este plebiscito sostienen que “algo hay que hacer” y algunas personas creen que apoyar esta medida es realmente hacer algo para mejorar la seguridad. Sin embargo, seguún las estadi´sticas, asociar la inseguridad al delito adolescente es un error. Solo el 6% de los asuntos penales iniciados en 2010 corresponden a la justicia penal juvenil.

La Baja es peor, además, porque los danños generados por esta propuesta serían irreversibles tanto para los individuos como para nuestra sociedad. Las cárceles son entornos hostiles que lejos de solucionar la violencia, la potencian. En un sentido más amplio, aprobar esta propuesta nos califica como sociedad que tomó la decisión de no formar y desarrollar a sus jóvenes sino que opta por condenar y reprimir sin asumir que estos jóvenes que delinquen son fruto de la sociedad construida por todos y todas, que no ha podido atender los factores que empujan a estos jóvenes a una vida que difícilmente sea elegida.

Los niños, niñas y adolescentes que delinquen hoy, son hijos de la sociedad que segrega y excluye, aquella que construyeron quienes otrora estuvieron en el gobierno y actualmente, con nuevo disfraz, se erigen en defensores de la sociedad y los buenos vecinos.

Sobre todas las cosas, bajar está mal, muy mal.

Bajando no se hace nada por nadie, no se asegura nada para nadie, tan solo probamos soluciones erradas a problemas más grandes, y precisamente con nuestros jóvenes. Pero no estaremos, de ningún modo, construyendo futuro.

Bajar nos evita reconocer que todo joven parte de una historia que lo llevó a estar en esa situación, visualizar que hay una segunda oportunidad para aquellos que no tuvieron una primera. Estaremos optando, como sociedad, por la exclusión en lugar de la integración. Por el miedo por sobre la confianza, por la venganza sobre la justicia social.

Es tiempo de asegurarnos de no retroceder en derechos, de no dar ni un paso atrás, no dando ni un voto a esta propuesta, NI UN VOTO A LA BAJA.

¿De qué hablamos cuando hablamos de Cuidados?

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El cuidado de personas dependientes, sea porque son niños-as, adultos mayores con limitaciones en su autonomía o personas con discapacidad, ha sido provisto tradicional e históricamente por las familias y, en particular, por las mujeres del hogar.

La entrada masiva de las mujeres al mercado de trabajo, así como al sistema educativo en estas últimas dos décadas, ha generado una menor disposición y disponibilidad de las mujeres a dedicarse de manera exclusiva al cuidado. No obstante, la dinámica social actual, continúa otorgando a las mujeres la obligación y responsabilidad moral exclusiva del cuidado. Esto es en esencia injusto, ya que al hacerse cargo de los cuidados y en general de las tareas del hogar, su tiempo se ve limitado para estudiar, trabajar, disfrutar de momentos de esparcimiento o ser militantes sociales o políticas.

Con la incorporación de los servicios de cuidados (empresas de acompañamiento, centros y residenciales, etc.), o de la contratación de trabajadores-as domésticas remuneradas, las familias con recursos económicos disponibles han podido contratar en el mercado distintas formas de cuidado. Pero aquellas familias que no tienen recursos resuelven los cuidados duplicando las jornadas de las mujeres.

En la actualidad no contamos con una política pública orientada a alivianar la responsabilidad de las mujeres en el cuidado de las familias. En definitiva, quienes pueden lo pagan y quienes no se quedan en su casa. En la actualidad, no existe corresponsabilidad en el cuidado ni a la interna de las familias, ni en el mercado, ni en el Estado.

Dado que el cuidado es un Derecho Humano, el Estado debe asumir la responsabilidad de garantizarlo, para todos y todas los y las ciudadanas de nuestro país. A esa política que proponemos, la denominamos Sistema de Cuidados.

Un Sistema de Cuidados debe garantizar la mejora en la calidad de vida de quienes necesitan cuidados, asegurando el acceso a servicios de cuidados de calidad, provistos por personas formadas para hacerlo y en condiciones laborales adecuadas. Para ello, es necesario que se integre como parte de la política, la formación de las personas dedicadas a esta tarea, así como la impostergable regulación de los servicios de cuidado hoy existentes.

El Frente Amplio se propone, para el próximo gobierno, avanzar en igualdad en derechos e inclusión social, generando política pública al respecto y proponiendo una solución real y concreta a los diversos problemas de cuidados de nuestra sociedad. Se plantea en su programa como una de las propuestas fundamentales para el próximo período de gobierno la construcción de un Sistema Nacional Integrado de Cuidados. En esta línea, el Programa ha avanzado mucho, definiendo las principales líneas y ejes que orientarán la construcción de esta innovadora y necesaria política pública. Tanto a nivel de los componentes, poblaciones y tipos de prestaciones y servicios que comprenderá, así como de la institucionalidad que debería cumplir el rol de regular. Es nuestro compromiso hacer todo lo que sea posible para que esta política se convierta en una realidad el próximo gobierno, mejorando la calidad de vida de todos y cada uno de los y las ciudadanas de nuestro país.

El Ir se ha propuesto aportar a la informacion y formación del tema, para lo cual en su página web se pueden encontrar dos videos informativos. Además realizó hace poco una jornada sobre esta temática, emitida vía streaming para Maldonado. Además de los video que nos ayuden a difundir el tema podes tener también la grabación de la jornada donde participaron Álvaro García, Constanza Moreira y Macarena Gelman.

El video la jornada puede verse en nuestro canal de YouTube, o aqui:

Por qué el Ir

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Belela Herrera

Frenteamplista de la primera hora decido apoyar a Constanza Moreira, que representa un aporte renovado e innovador que ha enriquecido el debate político y social reforzando la discusión en profundidad en temáticas como derechos humanos, matrimonio igualitario, derechos sexuales y reproductivos e igualdad de oportunidades para las mujeres y los jóvenes en todos los ámbitos de la vida social.

Como veterana, aliento el diálogo con los jóvenes del Ir por su idealismo y la mística que aportan a la candidatura de Constanza, porque estos jóvenes toman la bandera de los viejos en sus sueños y esperanzas de un mundo más justo y equitativo, asumiendo el desafío de trabajar por una cultura de la solidaridad, por una América Latina digna, soberana e integrada.

 

Por qué el Ir: Gonzalo Pollo

Soy parte del Ir porque soy de izquierda.

Porque no tenía un sector que me representara y con el surgimiento del Ir lo encontré.

Porque creo que el FA debe repensarse y renovarse.

Porque el país ha mejorado objetivamente en los últimos 10 años pero aún debe mejorar más.

Porque la política está tanto en la vida cotidiana como en la política partidaria.

Porque creo en la política y pienso que sirve para mejorar la vida de las personas.

Porque prefiero ser partícipe y no estar en posiciones desencantadamente cómodas.

Porque quiero ser parte de un colectivo que piense y actué con determinado sentido en la búsqueda de la igualdad, la libertad y los derechos de las personas.

Porque no quiero tener Ejército.

Porque quiero una política menos solemne y más inclusiva.

Porque quiero un sistema político con más mujeres y jóvenes en puestos de representación y decisión.

 

Diane Denoir

Apoyo al Ir porque siempre fuí frenteamplista y quiero que el FA realmente realice transformaciones profundas en la sociedad uruguaya. Por eso es fundamental que el FA no se estanque y es imprescindible una renovación. Que los jóvenes ocupen el lugar que nosotros tuvimos en los 70, 80 y 90 y puedan aportarnos nuevas reflexiones y debates más abiertos. Y porque los Derechos Humanos, la búsqueda de la Verdad y la Memoria deben ser la primera prioridad de un Frente de izquierda.

 

Gonzalo Eyherabide Mántaras

Voto al Ir porque creo que es necesaria una renovación en el Frente Amplio. Como una medida sana tanto para un futuro gobierno, como para la fuerza política. Renovación que trae nuevas ideas, como el avance de los derechos sociales con más justicia e igualdad (la lucha contra la discriminación racial, sexual o de cualquier otro tipo, o la legalización del aborto, por ejemplo) o en ciertos casos viejas ideas que han quedado por el camino no pudiendo soportar los miedos o las presiones propias del desgaste de gobernar (como por ejemplo reducir el demencial e injustificablemente gigantesco volumen del presupuesto destinado al ejército para fines harto mejores y más necesarios, como la educación).

También voto al Ir, porque conozco a algunos de sus referentes desde hace mucho tiempo. Y el voto es siempre, en definitiva, una expresión de algún tipo de confianza.

Y además declaro públicamente mi apoyo al IR, porque no creo que a los intelectuales, publicistas o artistas, tres grupos que integro, nos haga bien simular neutralidad político-partidaria. Debemos practicarla eventualmente en la forma en que actuamos profesional o académicamente, pero en cuanto a nuestra expresión como ciudadanos, considero un derecho, pero también un deber moral decir de qué lado estamos y por qué.

Claro que esta es una época de anti-intelectualidad. Y también en cierta medida de anti-política.

En estos tiempos, veo a muchos intelectuales y artistas callar. Parecería que se han convencido de una idea que flota en la sociedad viciando el aire de la libertad y la democracia, esa idea según la cual la política es irremediablemente mala, mezquina, corrupta. Según la cual “todos los políticos son iguales” (léase sinvergüenzas, ladrones, insensibles, rosqueros, poco dados al genuino servicio público). Una idea funcional a la derecha, porque en la medida en que la política se debilita, las posibilidades de subvertir las relaciones de poder pre-existentes y amenazar al establishment también se debilitan.

Pero una mentalidad así no lleva a nada, o lleva a malos puertos, como la desaparición o suspensión de la democracia. Bien que sabemos esto en Uruguay, aún a a pesar de nuestra brevísima historia.

Creo que podemos haber sido decepcionados por algunos políticos, pero negar la política por eso, es enormemente perjudicial. Los intelectuales podemos vernos tentados de elevar nuestro escepticismo a tal grado, que nos proteja de cometer cualquier error posterior habiendo apoyado a uno u otro grupo político. Es humanamente comprensible. Pero nada en la vida nos salvaguarda de cometer errores. Por ejemplo, en este caso, del error de no jugarse nunca por nada. Deberíamos recordar el espacio que destinó a los que nunca se juegan por nada Dante en la Divina Comedia, a ver si algún tábano nos aguijonea ahora estando en vida.

En resumen, votar al Ir hoy, para mí representa votar por el futuro del Frente, pero también por lo mejor de su pasado.

 

Mariana Percovich

Pertenezco a una generación que nació a la militancia en los años 80, cuando éramos estudiantes. Creíamos en todo, salíamos de la dictadura, se militaba, no había Internet .

Aprendíamos a dialogar con los históricos de la izquierda, con la gente que salía de la cárcel o volvía del exilio.

Mucha agua pasó, muchos cambios. Veo a mis congéneres reticentes, pero cambió la sociedad, la real, la del conocimiento, el Frente Amplio es gobierno y ha recorrido un camino que no ha sido y no es sencillo.

Creo que vale la pena seguir apostando, seguir votando al FA. Creo que nada mejor que hacerlo apoyando a los y las jóvenes de hoy, a los y las que creen, a los y las que quieren seguir peleando.

Hay que apoyar al recambio generacional, hay que poner a las mujeres en la primera línea. Son cambios culturales que el país necesita, más allá de los partidos. El Uruguay tiene que sacudirse y hay que pensar en nuevos términos. Las banderas que usábamos en aquellos tiempos, deben cambiar.

Mujeres profesionales, mujeres trabajadoras, mujeres militantes y jóvenes preparados para crear nuevos relatos, como alguien más joven me dijo. Por eso apoyo al Ir.

Deme todo esto de cargos

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Larrañaga charla con una niña que le pregunta: “Yo soy de Florida, ¿qué puede hacer por el interior?”. Larrañaga le responde: “Yo te prometo que el interior va a crecer, porque si crece el interior…” y sigue explicando las bondades de que el interior crezca… No parece haber entendido la pregunta el precandidato. En realidad, no importa. La publicidad tiene una idea que cree que tiene punch (“charlas con el futuro”), está bien filmada y listo: el producto está precioso (o no, pero eso es para otra columna). Acá no cabe el argumento de que la publicidad (y la plata) vehiculizan ideas. Ahí no hay ideas. Ahí no hay más política que la sesuda opción de camuflar a la política en la anti-política y la anti-ideología.

Lacalle Pou remixó un discurso suyo y su jingle. Bien puede ser un jabón de tocador o una marca de championes lo que está siendo publicitado. Lo que importa es vender el producto. Y para vender, más que tener un buen producto, es necesario tener plata. Mucha plata. Muchísima.

Para ser elegido (no elegible, eso lo asegura la Constitución) en Uruguay, hay que pagar. Esa lógica queda extremadamente clara con el sistema de confección de listas que tienen los partidos tradicionales. Candidatos que nadie conoce, que ningún colectivo de más de dos personas eligió para representarlo, pagan mucha plata y tratan de conseguir su banca. Por eso se juegan tanto ahora. Por eso están gastando tanto.

Pero cuidado, el FA también tiene que pagar para ser elegido. La diferencia es que las estructuras eligen al que consideran el mejor candidato, y quien paga es un colectivo. Es una diferencia sustancial, pero se sigue terminando en lo mismo: antes o después, para ser elegido hay que pagar. Y para pagar, hay que tener plata. O se tiene una familia con mucha plata, o se tiene amigos con mucha plata, o se tiene mucha capacidad e inventiva para juntar mucha plata (a esto último y solo a esto último estamos apostando en el Ir, mientras tratamos de aportar para terminar con esta mercantilización de la política).

El Estado, a través de su parlamento, se dio cuenta de lo complejo que es el financiamiento de las campañas y lo que desvirtúa a la actividad política. Mediante la ley 18.485, regula cómo se deben financiar los partidos. Establece, además, que a cada partido se le va a dar determinado monto por voto que haya obtenido. Este mecanismo, además de ser más proclive a mantener al status quo que a potenciar la aparición de lo nuevo (recibe plata quien ya tuvo plata para conseguir votos), toma un camino entre dos posibles.

El primer camino, reflejado en la ley, es que el Estado aporte parte de esa plata que necesitan los partidos. Sin embargo, cabe preguntarse, ¿dónde termina esa plata? Ningún partido obtiene ganancias de las campañas. Pues bien, ¿quién obtiene ganancias? Una pista: un segundo en radio cuesta de 15 a 37 pesos, y un minuto en televisión cuesta –atenti a esta cifra- $32.000.

Es importante, entonces, recordar que los canales de televisión hacen uso de un bien público que se les otorga para usufructuar (ahora y gracias al Frente) por un período limitado. Pero siguen siendo propiedad de toda la sociedad (esa que ahora precisa elegir quiénes gobernarán).

Entonces, la otra opción es empezar, de una vez por todas, a desmercantilizar la política. Es intentar que cada vez dependa menos de cuánto tiene cada uno para ser elegido. Por tanto, bien se podría haber incluido en la ley de financiamiento de partidos, muchos minutos gratis para pautas de los partidos, fijando las franjas en las que se tienen que emitir y prohibiendo sobre-pautar más allá de lo que se le otorgue a cada uno por ley. Una porción del tiempo en televisión se podría distribuir según los votos obtenidos con anterioridad, y otra porción para todos por igual (y dar así posibilidad a lo nuevo). Y así como se hace con la tele, hacerlo con todos los medios de propaganda.

Por otra parte, no parece fácil de argumentar que una empresa financie partidos políticos, por lo que se debiera prohibir esto, pudiendo solo las personas físicas aportar a los partidos. A nuestra propuesta de revisar la regulación sobre el financiamiento de partidos, no tanto para asegurarles recursos sino más bien para desmercantilizar a la política, se le debe agregar indefectiblemente organismos poderosos que fiscalicen cuánto dinero entra en los partidos (y quiénes son los donantes) y cuánto se gasta. Esta Corte Electoral, con estos recursos, no puede controlar y se limita a recibir los informes y publicarlos. Es necesario que alguien controle, pregunte y repregunte. Que investigue y que denuncie si es necesario.

Los partidos políticos tienen dos opciones: o juegan en la cortita, entrando en el juego y tratando de sacar ventaja para ganarle al que está al lado, o por un rato dejan la competencia en suspenso y piensan una forma de mejorar las condiciones para todos y todas. Esto redundará en una mejor democracia, mucho más cercana a su naturaleza y mucho menos cercana a spots sobre alfajores, remixes, futuros y mucho blabla.

¿Por qué un Ministerio de Ambiente?

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La institucionalidad ambiental que hoy existe continúa siendo débil y aislada. La información sobre el estado de los recursos naturales está dispersa y no estamos pudiendo dar cuenta de la forma en que los cambios ambientales afectan el bienestar social. En definitiva, no ha habido una priorización clara de los temas ambientales (Informe del Grupo Geo, 2008).

Por otro lado, existe una orientación directa hacia al estímulo de inversiones de base primaria como la forestación y el complejo celulósico, la actividad agrícola o la minería de gran escala. Estas actividades son en muchos casos contaminantes, consumidoras de espacio y energía, además de concentradoras de la riqueza. Son estimuladas a través de la ley de inversiones y otras medidas impositivas, de las concesiones de zonas francas, y en algún momento, hasta con subsidios directos.

Hasta el momento prima una visión donde ambiente y desarrollo parecen contradictorios. Existe la percepción de que la conservación y protección ambiental es un lujo de los países ricos; cuando en realidad, los países pobres no pueden darse el lujo de degradar sus recursos naturales, base de su economía. Esto incluye los recursos básicos para la producción (suelo y agua) o los subsidiarios para la misma: ecosistemas conservados y biodiversidad local no afectada por presiones exógenas (como los transgénicos).

El desafío actual y futuro es rediseñar los sistemas de producción de forma que se logre generar alimento y otros bienes para la población, tanto a escala local y mundial, y a la vez se logre mantener los bienes y servicios que proveen los ecosistemas naturales (como la generación de agua potable, riego, pesca y recreación), cuyo cuidado no debería ser pensado como contradictorio, sino como fundamental para el desarrollo.

Para enfrentar estos desafíos entendemos necesaria la creación de una institucionalidad fuerte, capaz de hacer frente a las presiones, que atienda a la conservación del ambiente en concordancia con el crecimiento económico y social. Esto es muy difícil de llevar adelante desde el punto de vista político si no se tiene un peso específico.

La situación actual dentro del MVOTMA, un ministerio en el cual las autoridades y el presupuesto están dedicados prioritariamente al tema vivienda, no favorece que la DINAMA sea sólida e independiente. A su vez, algunos ministerios de control (Ganadería, Industria) son a la vez de promoción sectorial, entrando muchas veces en contradicción con las políticas ambientales. Un Ministerio de Ambiente es necesario para garantizar la independencia y la autonomía técnica, mejorar el acceso a la información y promover la sensibilización en temas ambientales, permitiendo así una participación efectiva de la población en la toma de decisiones.

Las políticas ambientales deben ser instrumentadas en forma coordinada, sostenidas en el tiempo y evaluadas mediante monitoreos continuos. La institucionalidad ambiental actual no puede atender adecuadamente estas necesidades porque no está integrada ni es coherente, dada la dispersión de atribuciones tanto a nivel interministerial como a la interna del MVOTMA, y prácticamente no hay coordinación entre organismos.

Con un Ministerio del Ambiente se podrían integrar las políticas de aguas, suelos, aire y ordenamiento territorial. Contaríamos con una autoridad que evaluaría y fiscalizaría las acciones públicas y privadas sobre el ambiente, con despliegue territorial y con una fuerte interacción y cooperación con las Intendencias y otros ministerios y organismos con incidencia en la temática. Esta nueva institución debería abarcar las actuales DINAMA, DINAGUA, DINA Meteorología, DINOT y RENARE (o parte de este organismo, hoy en MGAP). Debería tener competencias en la supervisión de gestión de residuos sólidos urbanos e industriales, fiscalización del vertido de efluentes líquidos urbanos e industriales, fiscalización de ruido y partículas en suspensión de industrias, coordinación de actividades productivas en las cuencas de drenaje de ecosistemas acuáticos prioritarios y la regulación y protección de los humedales del país. También deberían pasar a ser de su competencia el control del uso de agroquímicos y el control ambiental del uso del suelo con fines agrícolas e industriales.

Evidentemente, esta nueva institucionalidad debe ser fuerte y dotada de recursos que garanticen la independencia y la autonomía técnica. Es necesario aumentar la cantidad de funcionarios técnicos y de apoyo con que actualmente cuenta el país para las tareas de aprobación, control y seguimiento de proyectos y planes de gestión ambiental. Hay que mejorar la remuneración general e incorporar el régimen de dedicación total para un porcentaje de los cuadros técnicos, evitando la cooptación de los mismos por el sector privado y la alta rotación del personal. Hace falta, además, fomentar la investigación científica y dotar al Estado de mayores herramientas técnicas y económicas para la evaluación de proyectos y el monitoreo de sus impactos.

Estas ideas son parte de la propuesta integral del Ir en el tema ambiente. Apostamos a que el país genere un modelo de desarrollo sostenible, para el cual un Ministerio de Ambiente es una herramienta fundamental.