Montevideo: ciudad creativa

La cultura es uno de los aspectos de la gestión municipal de los que siempre se pide más descentralización, y a la vez una de las actividades más difíciles de descentralizar. Las políticas públicas nacionales y departamentales que buscan extender la cultura por el territorio se enfrentan con una Montevideo estructurada históricamente de otra manera. Las infraestructuras, la cartelera, la programación y la formación tienden a concentrarse allí donde hay más audiencia, recursos, vida pública y escenas culturales. Continúa leyendo Montevideo: ciudad creativa

¿Un ciudadano culto o una ciudadanía cultural?

El enfoque en las políticas culturales nacionales por parte de blancos y colorados correspondía a una mirada sesgada en beneficio de algunos actores culturales específicos. Una cultura de las elites para las elites. Como mucho, una cultura (una única Cultura, formada por los “bienes genuinamente culturales”, como dice el programa de Lacalle) de tradiciones “for export” estereotipadas, que nada tenía que ver con las necesidades cotidianas de la gente y sus múltiples identidades culturales.

Con la asunción del Frente Amplio, buena parte de las iniciativas llevadas por la Dirección Nacional de Cultura (DNC) buscaron desterrar aquellos preconceptos y estereotipos. Al mismo tiempo, se asumió desde un inicio la mediación entre los diferentes agentes que componen el diverso campo cultural nacional: creadores, comunidad académica, medios de comunicación, empresas privadas, sociedad civil y el propio Estado.

A lo largo del periodo hubo un aumento constante y significativo del presupuesto. A continuación vemos un gráfico del aumento del presupuesto general de la DNC en el primer gobierno1:

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(en 2009 $ 35.573.228 son aportes de terceros ejecutados por la

Dirección Nacional de Cultura mediante acuerdos y convenios internacionales)

Actualmente, la DNC cuenta con más de 150 millones de pesos, entre inversiones, salarios y gastos de funcionamiento. Este, sin embargo, tampoco es un presupuesto exagerado, como sugiere Lacalle, al confundir el presupuesto total del MEC con el gasto en políticas culturales. Todos, excepto Lacalle, sabemos que el área de Cultura es solo una parte del gasto total del MEC, cuya otra pata fundamental es Educación. Además, el MEC hoy cumple muchas de las funciones que son propias de un Ministerio de Justicia, y mantiene funciones en el Área de Ciencia y Tecnología.

Es un típico instinto reaccionario acusar al Estado de “malgastador”, pregonando que primero hay que ser buen administrador, antes de siquiera contar con los recursos. Recursos que en los gobiernos blancos y colorados no estuvieron disponibles para poner a prueba las virtudes administrativas de dichos gobiernos. O, en realidad, sí pudimos ver aquel desempeño y sus resultados: el abandono casi total de las instituciones e infraestructuras culturales. Ese fue su “sesgo” más prominente y lo sigue siendo hoy, cuando se proponen privatizaciones y reducciones con la excusa de mejorar la gestión y la calidad.

Es cierto que siempre se puede gastar mejor y más eficazmente. Es cierto que en los gobiernos de izquierda se cometieron y se seguirán cometiendo errores, pero solo se equivoca el que intenta radicalmente. Porque las políticas culturales del Frente Amplio son políticas en el sentido de que son un proyecto transformador orientado a cambiar las relaciones de poder que todavía limitan el ejercicio de la ciudadanía cultural. No nos conformamos con medidas orientadas a volver más “culto”, higiénico y amable al ciudadano.

Por todo lo anterior, la discusión hoy en día debe centrarse en cómo lograr la sustentabilidad de las políticas culturales en el tiempo, en evaluar y corregir lineamientos, fortalecer la institucionalidad, y promover no solamente el acceso, sino también la producción cultural ciudadana, llevando a cabo transformaciones más profundas y debates más audaces.

Fortaleciendo las instituciones culturales

El primer gobierno del Frente Amplio marcó un antes y un después. En primer lugar, se creó la DNC para que existiera un órgano encargado específicamente de las políticas culturales. Se comenzó a promover la producción a través de fondos concursables, fondos de estímulo a la formación y creación artística y fondos de incentivo cultural, con un fuerte impacto en el territorio. Se desplegaron infraestructuras culturales en todo el país con fondos específicos para su desarrollo. Se promovió la industria cultural nacional, con un Departamento de Industrias Creativas (DICREA). Se promulgaron leyes fundamentales y largamente esperadas: para la seguridad social de los artistas y su reconocimiento como trabajadores, y para la protección y fomento de instituciones postergadas en el pasado como los archivos, museos y bibliotecas. Sabemos, de todos modos, que no es suficiente con que las leyes existan; hace falta un mayor esfuerzo por ejecutarlas y hacerlas cumplir.

Se recuperaron instituciones históricas abandonadas por años, como el Complejo Adela Reta del SODRE en Montevideo, e importantes infraestructuras en el interior. Y se apostó por una renovación, con la creación del Espacio de Arte Contemporáneo, el Museo Figari, el Instituto Nacional de Artes Escénicas y el Instituto del Cine y Audiovisual del Uruguay.

Además, los procesos para acceder a estos espacios que el Estado pone a disposición para la producción cultural, se abrieron a la ciudadanía. Y aunque a Lacalle le parezca que solamente se apoya a la “cultura compañera”, a lo mejor le interesaría enterarse de que en la actualidad, a diferencia de las épocas de blancos y colorados, existen asignaciones por concurso, limpio y llano.

Como bien dice Lacalle, históricamente ha existido una tensión cultural Montevideo – Interior, donde la capital ha hegemonizado gran parte de la multiculturalidad del país. Pero hoy en día, viendo los resultados de algunas políticas culturales territoriales que implementó la DNC en coordinación con todas las intendencias, comienza a resignificarse y a romperse esta hegemonía. Se crearon espacios nuevos e inclusivos para dar soporte a una pluralidad de expresiones culturales en todo el país, como los 123 Centros MEC, las 11 Usinas de Cultura y las 25 Fábricas de Cultura, donde participa población en situación de calle o presos, por citar dos ejemplos.

El Ir y sus énfasis programáticos para renovar las políticas culturales

Cada una de estas leyes y políticas marcó un salto cualitativo enorme con respecto a los gobiernos anteriores, pero todavía falta mucho por delante. En breve vamos a estar publicando en nuestra web los énfasis programáticos del Ir, incluyendo los de cultura. Nos gustaría adelantar aquí algunas de las ideas que nos guían.

Debemos terminar con el concepto de la cultura como adorno o “gente que hace espectáculos” y consolidar el concepto de cultura como derecho humano. La cultura debe tener antes que nada un fin social, primando el bien común por sobre el interés privado. Este es nuestro sesgo, nuestra opción política. Mientras que las propuestas de la derecha hacen énfasis sobre todo en el acceso y en “fortalecer la capacidad de apreciar y elegir”, con lo que estamos de acuerdo, nosotros queremos también más capacidad social de apropiación, transformación y producción de bienes culturales. En este sentido, proponemos dar continuidad al proceso de construcción de la ciudadanía cultural.

Asimismo, proponemos reformar algunos de los aspectos legales que restringen el acceso a los bienes culturales y supeditan la cultura al concepto de propiedad privada. Es necesario reformar la ley de propiedad intelectual, legalizando los usos y copias de obras con fines educativos, así como las copias personales y el intercambio de archivos sin ánimo de lucro. Las acciones de las personas para ejercer sus derechos a la cultura y la educación bajo ningún concepto deben considerarse delitos penales.

Además de la legislación, la arquitectura de las instituciones debe seguir adaptándose a los cambios de la sociedad, en contacto directo con los protagonistas. Si no ocurre de esta manera, se generarán rigideces instrumentales en la aplicación de ciertas políticas culturales, por ejemplo, las que se desarrollan en el territorio. Creemos que hay una enorme dispersión y una superposición de instituciones que deberían ordenarse con más coherencia. Se precisa una mayor participación de los distintos protagonistas del ámbito cultural tanto en el planeamiento como en la puesta en práctica de las políticas culturales. El próximo gobierno debe convocar a un debate nacional con gran participación popular, para ir hacia la creación de un Sistema Nacional de Cultura.

Debemos continuar fortaleciendo los vínculos culturales con otros países, en especial con América Latina, promoviendo el reconocimiento de las culturas locales, regionales y de fronteras.

Finalmente, es necesario aprovechar las nuevas tecnologías de una manera inteligente. La comunicación, promoción y mediación cultural a través de Internet debe usarse para complementar el trabajo en el territorio y facilitar la colaboración, y no solamente para difundir eventos, como plantea Lacalle.

Por todo lo hecho, y por lo que falta hacer, debemos evitar la fácil tentación en la que caen Lacalle y su programa con eso de que “la cultura es todo”. Si “la cultura es todo”, entonces en los hechos la cultura es nada.

Frente a las propuestas de Lacalle nos encontramos, como siempre que se leen las iluminadas propuestas de la derecha, con la reinvención de la pólvora: un programa para hacer lo ya hecho y crear lo ya existente (por los gobiernos del FA y nunca por sus antecesores blancos y colorados). Estas propuestas iluminadas vienen adornadas con una serie de lugares comunes y discursos genéricos de lo que “debe ser” con los que nadie en su sano juicio estaría en desacuerdo. ¿Por qué, entonces, nos hemos tomado el trabajo de analizar y responder algunas de las ideas “por la positiva” de Lacalle? Porque percibimos los matices que caracterizan a la derecha moderna y aggiornada detrás de la cual se esconden los instintos más reaccionarios.

Lo que en verdad hace falta, lo que nosotros proponemos, es identificar problemas reales, llegar a acuerdos programáticos e implementar acciones concretas. De esto, y no de otra cosa, se trata una agenda transformadora en materia de políticas culturales.

 

1. Ver: Informe de Gestión marzo 2005-setiembre 2009. Dirección Nacional de Cultura, MEC. En: http://cultura.mec.gub.uy/innovaportal/v/1790/8/mecweb/indicadores?leftmenuid=1790