Institucionalidad que encorseta

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La semana pasada visitó nuestro país el Relator Especial de Derechos Humanos relacionados con el Medio Ambiente para Naciones Unidas y en la conferencia de prensa que brindó, valoró el compromiso de Uruguay respecto a la protección de los DDHH y su relación con el ambiente. Destacó la mejora del acceso a la información y la justicia ambiental, la legislación que creó el Observatorio Ambiental, la reciente propuesta de Ley de Delitos Ambientales, el trabajo en Cambio Climático y la matriz energética basada en energías renovables, entre otros. Sin embargo nos marcó que la dispersión de instituciones que trabajan en temas ambientales es demasiado grande y muchas veces la negociación entre ellas y los procesos burocráticos hacen que los tiempos de respuesta y las soluciones a las que abordan no sean las mejores.
La generación de políticas más sostenibles implica lograr darle la jerarquía adecuada al análisis y la consideración de los aspectos ambientales. Vemos ejemplos a diario en lo que respecta a residuos, gestión costera o agroquímicos.
Si tomamos uno de ellos, la gestión de agroquímicos, vemos la falta de una visión integral. Al momento de analizar los paquetes tecnológicos por lo general priman aspectos productivos y no siempre se incluye el análisis de los riesgos en la salud poblacional y el ambiente de las sustancias químicas asociadas.

Como país hemos avanzado mucho. La creación de la Secretaría Nacional de Ambiente, Agua y Cambio Climático implicó un fortalecimiento institucional y una mejor coordinación, pero nos debemos una discusión más profunda y quizá debamos pensar más seriamente la creación de un Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible. Este planteo no es actual y no tiene una sola autoría, y de hecho fue mencionado al relator de DDHH en estos días. Se necesita pegar el estirón y tratar estos temas con la seriedad y profundidad que se merecen, asumiendo en forma definitiva que los temas ambientales son estratégicos, necesarios e ineludibles.

Desde el IR hace tiempo estamos convencidos de la necesidad de crear un Ministerio de Ambiente que integre las políticas de aguas, suelos, aire y ordenamiento territorial, que evalúe y fiscalice las acciones públicas y privadas sobre el ambiente, con despliegue territorial y con una fuerte interacción y cooperación con las Intendencias y otros ministerios y organismos con incidencia en la temática. Esta nueva institución debería abarcar: Dirección Nacional de Medio Ambiente, Dirección Nacional de Aguas, Instituto Uruguayo de Meteorología, Dirección Nacional de Ordenamiento Territorial, Cambio Climático y la Dirección Nacional de Recursos Renovables (o parte de esta Dirección, hoy en el Ministerio de Ganadería Agricultura y Pesca).

La necesidad de un Ministerio de Medio Ambiente ha adquirido una dimensión tal y un consenso en la sociedad civil suficientes como para que desde el Frente Amplio incorporemos definitivamente el planteo en nuestra estrategia política y en nuestras bases programáticas en el mediano plazo.

La mitad del cielo, la mitad de la tierra, la mitad del poder

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Nuestro país tiene un problema grave en cuanto a la calidad de su democracia. Nosotros y nosotras nos proponemos decir pero también hacer. Además de tener paridad de hombres y mujeres en todos nuestros organismos internos, presentaremos listas paritarias, la mitad de mujeres y la mitad de varones, en el próximo ciclo electoral, superando el tercio que fija la ley de cuotas. Además, apoyamos a Constanza Moreira, la única mujer precandidata a la presidencia de la República.

Aunque pueda parecer anacrónico es importante preguntarnos por qué necesitamos más mujeres en cargos de decisión política. Un gran instrumento de dominación y de ejercicio del poder es la capacidad de presentar lo propio como lo universal. La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, por ejemplo, se pretendía universal, pero no incluía a las mujeres ni a los esclavos en el concepto de “hombre y ciudadano”. En su aparente normalidad, objetividad o neutralidad la universalidad esconde un sujeto históricamente masculino, que muchas veces invisibiliza situaciones, sensibilidades, personas.

Así como es muy difícil -tal vez imposible- que un término represente a todas las personas, situaciones y sensibilidades, creemos lo mismo sobre los seres humanos. Un diputado o diputada no va a poder representar toda la heterogeneidad presente en la sociedad a la que pertenece. Seguramente, habrá sectores de la población que estarán subrepresentados, o no representados en absoluto. Es grave cuando esta situación de subrepresentación ocurre con el 51,991 de la población en Uruguay, las mujeres.

En el período que va de 2005 a 2010, hubo un 25%2 de mujeres ocupando cargos en el gabinete ministerial. En el período actual, sólo el 17,9%3 de los cargos de ministro, subsecretario y director general de secretaría son ejercidos por mujeres (recuérdese siempre que son casi el 52% de la población). En 2005, de los parlamentarios electos, sólo el 10,8%4 fueron mujeres. En 2010 fueron el 14,6%5.  Como primera conclusión, sencilla y sin vueltas: estamos mal, muy mal. La democracia uruguaya no está funcionando.

¿Dónde está el problema? Seguramente difuminado en todos los estamentos, esferas, arenas y grupos que tienen que ver con el proceso de elección de cargos políticos. Sin embargo, el problema más grave es que las mujeres, en Uruguay, en su mayoría siguen sin ser elegibles. A pesar de que la Constitución permite que una mujer sea elegible en igualdad de condiciones, esto no ocurre. Hay innumerables dispositivos que operan en las estructuras partidarias que hacen que las mujeres sean menos consideradas para ocupar cargos de gobierno. Ejemplo de esto es la cantidad de trampas que los partidos y grupos están pergeñando para evitar cumplir con la cuota.6 ¿Tan incapaces creen a las mujeres que cuesta tanto cumplir con ese pobre tercio? ¿Tan poco aportan a la vida política del país? Seguramente el problema no sea que las consideren así estos partidos y grupos. El problema, entonces, está en que quienes tienen el poder -en todas las fuerzas políticas, incluido el FA- no están dispuestos a que se redistribuya.

Argumentar que lo que existe es una especie de libre mercado donde las capacidades son las que regulan todo, es subestimar a las mujeres y creer que -tomando el caso de las elecciones de 2009- solo el 28% del total de las mujeres es capaz de ejercer cargos legislativos. Este absurdo, solo apoyado por alguien que siga creyendo en la superioridad de un género sobre otro, muestra que se debe trabajar sobre los mecanismos que operan en la conformación de las propuestas electorales.

Claro está que a lo largo de la historia las mujeres se han desempeñado principalmente en la esfera privada, postergando el mundo de lo público (empleo, actividad social y política) dejando al hombre “proveedor” en ese ámbito. Sin embargo, en los últimos años y a raíz de las nuevas realidades, las mujeres se han integrado al estudio y al trabajo, pero sin dejar de lado sus tareas de carácter doméstico.

En este sentido, el cuidado de las personas en situación de dependencia sigue siendo casi exclusivamente femenino, una de las razones que podría explicar la tan postergada participación de las mujeres en política. Ser mujer implica normalmente la escasez de uno de los recursos más importantes en política: tiempo. A esto hay que sumarle el denominado “castigo moral”, es decir, el contrato de género que aun está presente en nuestra sociedad e implica que quien lo incumpla está faltando a su mandato social, ateniéndose a las consecuencias.

Es por ello que para poder transformar esta realidad necesitamos una sociedad corresponsable, donde hombre y mujer se ocupen del mundo privado de manera compartida. Pero que también el Estado y la sociedad lo entiendan así. Contar con un Sistema de Cuidados, que garantice que tanto varones como mujeres puedan disponer de su tiempo de manera paritaria, es una clave fundamental para que estos rumbos se conviertan en una realidad.

La historia reciente ha demostrado que el FA tiene problemas para resolver las inequidades de género y le ha costado mucho avanzar específicamente en temas vinculados a la representación política de las mujeres. También la historia reciente ha demostrado que el FA es la única fuerza política que puede llegar a corregir estas inequidades. El Frente Amplio tiene ahora una presidenta mujer -que fue apoyada en elecciones abiertas por buena parte de los y las frenteamplistas-, lo que es un avance en términos de equidad de género y redistribución del poder. Como creemos que el FA es el único camino para resolver estas inequidades, apoyamos a Constanza, para debatir también por qué no podemos pensar en tener una presidenta mujer.

Abrir las estructuras a la participación de las mujeres implica esfuerzos por parte de todos los y las integrantes de dichas organizaciones. En el Ir los vivimos diariamente. Tenemos desde nuestro inicio órganos de dirección paritarios. A veces nos reunimos con varios niños y niñas correteando alrededor, hijos e hijas de nosotros y nosotras. Tenemos diseñado un pequeño sistema de cuidados a nuestra interna, que implica también prever el cuidado de los dependientes durante nuestras reuniones (y festejos), para que sus padres y madres puedan participar. Estos ejemplos, pequeños y propios de nuestro microclima, son ejemplo de los obstáculos que hay que saltar pero también son motivo de orgullo para el Ir. Nos infla el pecho saber que estamos haciendo todos los esfuerzos -con dichos y con hechos- para que haya más participación de las mujeres en política. Este es un aporte que queremos sumar al FA y al sistema político.

Nuestra voluntad política es clara. Que las mujeres tengan la mitad de lo que le corresponde a la humanidad: “la mitad del cielo, la mitad de la tierra, la mitad del poder”.7

1. Datos del Censo de Población de 2011.
2. Fuente: Sistema de Información de Género (SIG) – Inmujeres – MIDES.
3. Fuente: Johnson, Niki (2013) Mujeres en cifras. El acceso de las mujeres a espacios de poder en Uruguay. Montevideo: ICP – FCS – UDELAR – Cotidiano Mujer.
4. SIG – Inmujeres – MIDES.
5. Ibídem.
6. Existe una ley de cuotas, aprobada en el período pasado y que establece para estas elecciones (y solo para estas elecciones de 2014-2015) que debe haber un tercio de mujeres en las listas de los partidos y sectores.
7. Simone de Beauvoir. Filósofa francesa, autora fundante del primer feminismo.