Frente Amplio dividido por la ley de empleos para personas con discapacidad

Compartir

El proyecto de ley de promoción del trabajo para las personas con discapacidad en el sector privado, que se vota hoy en la Cámara de Diputados, divide al Frente Amplio (FA). El Partido por la Victoria del Pueblo (PVP), el Partido Comunista del Uruguay (PCU) y el sector Ir no están de acuerdo con las modificaciones que le introdujo el Senado la semana pasada. Ayer, en la reunión de bancada de la coalición de izquierda, el PCU planteó modificar el primer artículo, y la propuesta fue secundada por el PVP e Ir, pero el resto de los sectores no la apoyó, de modo que el texto será votado tal como fue enviado por el Senado. En el artículo 1º, el proyecto original reservaba 4% de los puestos de trabajo de cada empresa para personas con discapacidad, y los senadores decidieron que la proporción se calcule sobre el total de “trabajadores permanentes”. Según supo la diaria los sectores discrepantes aceptaron votar en general, pero plantearán sus objeciones cuando se vote en particular. El PCU adelantó que, si no se elimina la referencia a los trabajos permanentes, no votará el artículo 1º. Continúa leyendo Frente Amplio dividido por la ley de empleos para personas con discapacidad

Zavala: vamos a votar la reforma de la caja militar, pero nos sentimos excluidos

Compartir

La reforma del sistema de retiros y pensiones de la Fuerzas Armadas será aprobada esta jornada en la Cámara de Diputados por mandato del Frente Amplio (FA), luego que la bancada de gobierno le negará a cuatro de sus sectores el pedido de libertad de acción.

Los representantes del PVP, IR, Congreso Frenteamplista y Espacio 609 votarán el proyecto junto con el resto de los legisladores de gobierno pero argumentarán su voto en contra, porque no están de acuerdo con los topes jubilatorios que quedaron establecidos en la redacción del proyecto.

El diputado Alejandro Zavala, en representación del sector IR que lidera la diputada Macarena Gelman, dijo que se sienten excluidos del acuerdo parlamentario y que votarán por disciplina partidaria.

Zavala explicó que en el último tramo de negociaciones solo plantearon un punto y esto no fue aceptado por la mayoría del FA.

“La resolución de la bancada excluyó nuestra propuesta de reducir los topes para los oficiales de 110.00 a 101.000 pesos” por lo cual “nos sentimos excluidos, obviamente”, señaló.

De todas forma dejó en claro que no van “a dejar al gobierno sin aprobar esta ley”.

“Vamos a votar todos los artículos, en general y en particular”, indicó.

En cuanto al resultado final, opinó que “las concesiones que se le dieron a Darío Pérez ablandan la reforma”.

“Es una reforma demasiado tibia y generosa con los privilegios militares”, expresó Zavala.

Luego de su aprobación en Diputados el proyecto de ley pasará a consideración del Senado, para que este vote las modificaciones realizadas.

Link a la entrevista completa aca

Volverá la alegría

Compartir

Nací y crecí en una casa de ex comunistas. Mis viejos se fueron del Partido Comunista del Uruguay (PCU) durante su proceso de ruptura (1989-1992). Mi padre estuvo dos años sin hablar de política. No sin militar: sin hablar. Y era un militante por sobre todas las cosas. Es que con la ruptura del PCU se rompió su mundo de la vida, su marco para la praxis, se rompieron su utopía, su estrategia, su táctica. Se rompió aquello que le daba un marco para la acción, que le daba herramientas para interpretar la realidad. Se le rompió el amor.

Hasta hoy, comunistas y ex comunistas, historiadores, politólogos, sociólogos, militantes frenteamplistas, todos se preguntan cuándo se empezó a romper y por qué. Naturalmente, las unanimidades están lejos de concretarse. Si el Frente Amplio (FA) se rompe, ¿trataremos de mirar con retrospectiva para identificar el momento en que se empezó a romper? Así como las revoluciones, también las rupturas crecen desde el pie. Las izquierdas, a nivel mundial, vaya si tienen experiencia en esto de las rupturas. En el caso de la uruguaya, no tiene una experiencia similar. Porque la construcción del FA es inédita, no sólo en Uruguay. En varios sentidos, es una experiencia inédita en el mundo.

Lo que está en juego no son las elecciones de 2019 (si una izquierda democrática como el FA viera en una posible derrota electoral su final, sería demasiado tonta). Tampoco están en juego el curso del gobierno -o, por lo menos, no es lo más caro que está en juego-, ni las medidas que se puedan tomar, la mejora de los indicadores sociales, y un largo etcétera. No. Lo que está en juego es el compromiso ético que la izquierda uruguaya firmó hace 45 años con la gente. Ese compromiso se llama Frente Amplio. Lo que está en juego, entonces, es el FA. La hora, como todas pero en algunas más que en otras, exige por sobre todas las cosas responsabilidad. Responsabilidad con algo que nos trasciende. Nadie es dueño de ese compromiso ético, pero todos y todas lo somos. Nadie, absolutamente nadie -y que se convenzan sobre todo los que tienen más responsabilidades- es dueño de nuestro FA.

Hay quienes dicen que no se puede barrer más debajo de la alfombra. Que, al contrario, hay que sacar las cosas que están debajo de la alfombra. Yendo al extremo con la metáfora, en el FA nunca debió haber existido tal alfombra. Si la hay, hay que tirarla en una volqueta. Pero la responsabilidad exige que también nos deshagamos de los tiempos televisivos, del exhibicionismo, de creer que lo que nos pasa se corrige con gritar, minuto a minuto, lo primero que se nos ocurra. Es irresponsable quien haya puesto una alfombra en el FA y también es irresponsable quien cree que el caos, que la desesperanza, que la desconfianza, que la denuncia apresurada y sin (o con pocos) fundamentos nos llevará a corregir lo que nos pasa.

Hay generaciones de fundadores, de resistentes a la dictadura, de la salida de la democracia, del voto verde, que tienen la responsabilidad histórica de no dejarnos a los que venimos atrás sin nada. ¿Es que a alguien le parece buena idea que los menores de 40 estemos las próximas décadas reconstruyendo la unidad de la izquierda?

Nuestra generación tiene la responsabilidad de golpear las puertas hasta que se abran. No podemos proponernos jubilar a nadie, pero sí debemos exigir que el poder se comparta. Tenemos derecho, incluso, a cometer nuestros propios errores. Hay queridos compañeros y compañeras que desde hace décadas están en la primera línea (con cargos o sin ellos, con exposición mediática o lo que fuera) y que debieran correrse unas líneas más atrás. El desgaste es extremadamente democrático: les llega a todos.

Esta columna es un intento de alerta. Mi voto lo tengo resuelto y es público, pero no es lo que importa en este momento. De lo que se trata es de usar las elecciones del domingo, yendo a votar lo que se quiera, para tratar de que el pueblo uruguayo no pierda una de sus mayores fortalezas: ese compromiso ético al que unos queridos veteranos y veteranas le pusieron Frente Amplio. Sólo nos queda una certeza: inexorablemente, volverá la alegría. La tarea es militar para que vuelva lo antes posible, por el bien de la gente.

¿En qué vereda?

Compartir

¿Quiénes estaban en la marcha? ¿Qué piensan políticamente? ¿Dónde han estado? ¿Dónde suponemos que estarán? No es sencillo responder estas preguntas. Pero podemos empezar por preguntarnos quiénes no eran, qué no eran. En mi vida no recuerdo una movilización de masas convocada bajo consignas de derecha o de ultraizquierda que haya logrado ser tan masiva. En este Uruguay con un nivel de politización importante desde hace largo tiempo -aquí el neoliberalismo no logró despolitizar a la sociedad tanto como en otros países de América Latina- y con una cultura política de izquierda hegemónica en una parte importante de la sociedad, tiendo a pensar que no había más que un puñado de ultras entre los miles y miles que marcharon el jueves por 18 de Julio.

Sería un error imperdonable que el Frente Amplio (FA) analizara la marcha en base a alguna consigna destemplada o a ciertos discursos con pasajes simplistas. El dato es que miles de personas de izquierda, sensibles a lo que pasa con nuestra educación pública, marcharon y quisieron decirle a nuestro gobierno que esta vez se equivocó fiero. La tarea obligatoria de todo el FA (la fuerza política, el Ejecutivo y el Legislativo) es impedir que se configure un escenario con tres veredas opuestas: el FA de un lado, miles de personas de izquierda -no ultra- del otro, y la derecha y la ultraizquierda política en una tercera vereda. Entre otras cosas, porque si el FA quiere cambiar la educación, no puede prescindir de esas miles de personas.

Con la decisión de levantar el decreto, el gobierno puede reconfigurar el escenario y pasar de esas tres veredas a dos que le sirvan al país: la ultraizquierda y la derecha de un lado, y los ciudadanos de izquierda y el FA del otro. El camino tenderá, indefectiblemente, a tener dos veredas, ¿dejaremos que estos miles se vayan a la vereda de la ultraizquierda? Me niego a pensar que haya tantos miles irresponsables o insensatos. Me animo a decir que en la marcha, la inmensa mayoría votó al FA en la última elección. En la marcha, seguramente, la mayoría de los que estaban insistió hasta el cansancio el año pasado, argumentando que Uruguay no se podía detener. ¿Los vamos a perder? ¿No nos interesan? ¿Con quiénes vamos a continuar y profundizar el proceso de cambios que el país necesita? Cuando la insensatez domine en los gremios, ¿la solución no va a incluir a esos miles? ¿La solución es partirlos? No, de ninguna manera.

Otro dato del que el FA tiene que dar cuenta: en la marcha, la amplísima mayoría eran jóvenes y mujeres. ¿No son ambos imprescindibles para el proyecto de izquierda? Estamos a tiempo. El FA tiene que dar señales que digan, claramente, que quiere construir junto a esas miles de personas de izquierda. Y la construcción implicará, en primer término, una disputa con la derecha -que nunca defendió ni defiende a la educación pública- y la ultraizquierda, que nunca propuso un camino posible para cambiar la realidad.

En ese marco, no sirve discutir quién empezó. No le sirve al país que queremos desde una concepción de izquierda. Lo que sirve, y es imprescindible, es un gesto de grandeza que tienda la mano y coloque al FA en la misma vereda que esos miles de manifestantes. Esto no implica, de ninguna manera, pretender que quienes marcharon se transformen en obsecuentes con el gobierno: éste también sería un error demasiado grave para una fuerza política que precisa la crítica y la autocrítica como elementos sustanciales para seguir transformando la realidad.

La pelota está en el medio de la cancha. No podemos esperar que otro la vaya a buscar. Es responsabilidad de la única izquierda política viable -y por tanto la única verdaderamente de izquierda- ir a buscarla y jugar el partido. La anulación del decreto de esencialidad es un primer paso imprescindible para que, en la misma vereda, vuelvan a estar las masas y el FA. Habrá que reconstruir lo que se haya roto entre la fuerza política y su base social, con más gestos y más pasos, porque el proceso de cambios, para que no se detenga, no se puede dar el lujo de prescindir de la gente de izquierda organizada.

Deme todo esto de cargos

Compartir

Larrañaga charla con una niña que le pregunta: “Yo soy de Florida, ¿qué puede hacer por el interior?”. Larrañaga le responde: “Yo te prometo que el interior va a crecer, porque si crece el interior…” y sigue explicando las bondades de que el interior crezca… No parece haber entendido la pregunta el precandidato. En realidad, no importa. La publicidad tiene una idea que cree que tiene punch (“charlas con el futuro”), está bien filmada y listo: el producto está precioso (o no, pero eso es para otra columna). Acá no cabe el argumento de que la publicidad (y la plata) vehiculizan ideas. Ahí no hay ideas. Ahí no hay más política que la sesuda opción de camuflar a la política en la anti-política y la anti-ideología.

Lacalle Pou remixó un discurso suyo y su jingle. Bien puede ser un jabón de tocador o una marca de championes lo que está siendo publicitado. Lo que importa es vender el producto. Y para vender, más que tener un buen producto, es necesario tener plata. Mucha plata. Muchísima.

Para ser elegido (no elegible, eso lo asegura la Constitución) en Uruguay, hay que pagar. Esa lógica queda extremadamente clara con el sistema de confección de listas que tienen los partidos tradicionales. Candidatos que nadie conoce, que ningún colectivo de más de dos personas eligió para representarlo, pagan mucha plata y tratan de conseguir su banca. Por eso se juegan tanto ahora. Por eso están gastando tanto.

Pero cuidado, el FA también tiene que pagar para ser elegido. La diferencia es que las estructuras eligen al que consideran el mejor candidato, y quien paga es un colectivo. Es una diferencia sustancial, pero se sigue terminando en lo mismo: antes o después, para ser elegido hay que pagar. Y para pagar, hay que tener plata. O se tiene una familia con mucha plata, o se tiene amigos con mucha plata, o se tiene mucha capacidad e inventiva para juntar mucha plata (a esto último y solo a esto último estamos apostando en el Ir, mientras tratamos de aportar para terminar con esta mercantilización de la política).

El Estado, a través de su parlamento, se dio cuenta de lo complejo que es el financiamiento de las campañas y lo que desvirtúa a la actividad política. Mediante la ley 18.485, regula cómo se deben financiar los partidos. Establece, además, que a cada partido se le va a dar determinado monto por voto que haya obtenido. Este mecanismo, además de ser más proclive a mantener al status quo que a potenciar la aparición de lo nuevo (recibe plata quien ya tuvo plata para conseguir votos), toma un camino entre dos posibles.

El primer camino, reflejado en la ley, es que el Estado aporte parte de esa plata que necesitan los partidos. Sin embargo, cabe preguntarse, ¿dónde termina esa plata? Ningún partido obtiene ganancias de las campañas. Pues bien, ¿quién obtiene ganancias? Una pista: un segundo en radio cuesta de 15 a 37 pesos, y un minuto en televisión cuesta –atenti a esta cifra- $32.000.

Es importante, entonces, recordar que los canales de televisión hacen uso de un bien público que se les otorga para usufructuar (ahora y gracias al Frente) por un período limitado. Pero siguen siendo propiedad de toda la sociedad (esa que ahora precisa elegir quiénes gobernarán).

Entonces, la otra opción es empezar, de una vez por todas, a desmercantilizar la política. Es intentar que cada vez dependa menos de cuánto tiene cada uno para ser elegido. Por tanto, bien se podría haber incluido en la ley de financiamiento de partidos, muchos minutos gratis para pautas de los partidos, fijando las franjas en las que se tienen que emitir y prohibiendo sobre-pautar más allá de lo que se le otorgue a cada uno por ley. Una porción del tiempo en televisión se podría distribuir según los votos obtenidos con anterioridad, y otra porción para todos por igual (y dar así posibilidad a lo nuevo). Y así como se hace con la tele, hacerlo con todos los medios de propaganda.

Por otra parte, no parece fácil de argumentar que una empresa financie partidos políticos, por lo que se debiera prohibir esto, pudiendo solo las personas físicas aportar a los partidos. A nuestra propuesta de revisar la regulación sobre el financiamiento de partidos, no tanto para asegurarles recursos sino más bien para desmercantilizar a la política, se le debe agregar indefectiblemente organismos poderosos que fiscalicen cuánto dinero entra en los partidos (y quiénes son los donantes) y cuánto se gasta. Esta Corte Electoral, con estos recursos, no puede controlar y se limita a recibir los informes y publicarlos. Es necesario que alguien controle, pregunte y repregunte. Que investigue y que denuncie si es necesario.

Los partidos políticos tienen dos opciones: o juegan en la cortita, entrando en el juego y tratando de sacar ventaja para ganarle al que está al lado, o por un rato dejan la competencia en suspenso y piensan una forma de mejorar las condiciones para todos y todas. Esto redundará en una mejor democracia, mucho más cercana a su naturaleza y mucho menos cercana a spots sobre alfajores, remixes, futuros y mucho blabla.

Frente Amplio, amigo: media pila

Compartir

Tenemos muchas dudas sobre de qué hablamos cuando hablamos de “renovación”. Es más, no sabemos muy bien si está bien que usemos ese término. Es que se habla tanto de renovación y nos queda tan poco claro de qué se trata. En general, termina hablándose de recambio de personas. Sin dudas que esta es una dimensión que nos importa y mucho, pero creemos que no abarca ni agota todos los movimientos -de cabezas, de personas, de género, de edades, de sensibilidades y hasta de estilos- que el FA necesita hacer. Por eso, sea o no “renovación” la palabra más útil, sí sabemos una característica que tiene que tener: debe ser radical, en términos de ir a la raíz de las cosas.

Nos preguntamos, como ejercicio, por qué el FA necesita renovarse o transformarse radicalmente. Nos acordamos de Benedetti con esa frase que plantea que “cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto, cambiaron todas las preguntas”. En nuestro caso, muchas de las preguntas cambiaron porque el FA ayudó a responder las anteriores, en un mundo que también cambió sus preguntas. Por ejemplo, Uruguay ya no se pregunta si es un país viable. Hoy sabe que lo es, que puede ser un país productivo, con niveles de indigencia y pobreza bajísimos. Pero sí se pregunta cómo hacer para convivir menos violentamente, o cómo democratizar una educación que debe cubrir no solo a aquellos que siempre fueron sujetos de derecho, sino a aquellos que empezaron a serlo desde 2005.

Por tanto, necesitamos respuestas a nuevos problemas. Seguramente la producción teórica anterior aportará elementos fundamentales para pensar posibles cursos de acción. Pero otro importante aporte de esos grandes pensadores es que no hay recetas preestablecidas que sustituyan el riguroso y sesudo análisis de la realidad en la que se va a tratar de incidir. Así, es necesario recurrir sí a cosas que nos aporten pistas, pero también y sobre todo es necesario tener coraje para soñar con un país distinto basado en nuevas y diferentes soluciones. La imaginación y la audacia resultan, por tanto, un acto de responsabilidad hacia el país y la vida de los y las uruguayas. Estamos obligados a ser audaces e imaginativos porque estamos obligados a aportar soluciones.

Bajando un poco a tierra, cuando nos planteamos cómo renovar, creemos que la pista debe venir desde la política y la ideología. Ese tipo de respuestas que necesitamos podrá ser apoyado por la ciencia y, por ejemplo, la gestión, pero estarán en el campo de la política y la ideología. Por tanto, debemos politizar e ideologizar nuestros debates. Aun en la izquierda, teniendo claro que la construcción de la unidad no pasa por la minimización de las diferencias internas -políticas e ideológicas- sino por la habilidad para llegar a síntesis colectivas. Son la política y la(s) ideología(s) las que pueden ayudarnos a saber cómo y por dónde caminar.

Nos preguntamos también quién o qué debe renovarse o transformarse radicalmente. Y estamos cerca de estar absolutamente convencidos de que el producto del ejercicio serán nuevos acuerdos colectivos. Es decir que el FA debe poner sobre la mesa sus acuerdos, discutirlos y generar nuevos, con más o menos elementos provenientes de los anteriores. Aunque planteamos que hay que ideologizar nuestros debates, esto no implica que llegaremos a acuerdos ideológicos: sabemos que al FA lo unieron y lo unen acuerdos programáticos. Por tanto, discutamos desde nuestras ideologías para acordar nuevas líneas estratégicas.

De lo anterior se desprende que lo único pasible de ser renovado es el colectivo, el Frente Amplio. Es así que es una tarea de toda la fuerza política emprender este viaje. Naturalmente, no debemos esperar a que todos soplen por igual la vela para que el barco navegue, sino que estamos dispuestos a soplar mucho, todo lo que nos sea posible, para que el Frente se transforme radicalmente, pero estamos convencidos de que en el barco debemos estar, cada vez más, todos y todas. Por eso le decimos al FA (y por tanto nos decimos, dado que este sayo nos lo ponemos sin dudar) media pila, estar a la altura de nuestro pueblo nos obliga a transformarnos.

A modo de post data: No hablamos aquí de la renovación generacional. Es verdad que la juventud es una cuestión de cabeza. Lo sabemos y actuamos en consecuencia. Los y las jóvenes, por tanto, no son garantía de renovación. Sin embargo, creemos que son una condición necesaria para transformarnos. Y creemos dos cosas más: que cuanto más rápido incluyamos a los y las jóvenes, menos habrán envejecido. Y que aun siendo igual de pacatos y tradicionales que los veteranos, los y las jóvenes tienen derecho a participar, a discutir y a decidir.