¿Por qué es importante gravar las herencias?

Los argumentos sobre la relevancia de gravar las herencias encuentran sustento en la importancia relativa de este componente dentro de la riqueza y los efectos de ésta en la desigualdad y la movilidad.
Atkinson (1986) indica que la riqueza a nivel individual se puede acumular por tres vías: a costa del esfuerzo, la herencia, y la suerte. Las dos últimas constituyen las principales fuentes de generación de riqueza, ya que la acumulación producida por el ahorro, derivado de otras fuentes de ingresos, no permiten alcanzar niveles significativos de riqueza. Por otro lado Piketty (2010) indica que si bien la educación es uno de los principales mecanismos de acceso a altos ingresos, y su importancia ha sido creciente con el tiempo, el patrimonio y los mecanismos de transmisión intergeneracional del mismo continuarán teniendo una importancia significativa en el futuro.

La herencia constituye el principal factor que afecta la desigualdad de oportunidades. Es una fuente de riqueza donde el esfuerzo no juega ningún papel en su generación, ya que es originada en la lotería en la que todos participamos al nacer y de la cual muy pocos logran obtener beneficios. Sociedades donde las herencias explican gran parte del ingreso nacional, son sociedades donde la movilidad intergeneracional es baja, producto de la inercia que esta fuente de riqueza produce. Un alto peso de la herencia en la formación de los ingresos y la riqueza puede tener consecuencias, incluso, en términos de eficiencia, si las personas perciben que no es posible modificar sus posiciones relativas y por ende los incentivos para esforzarse son bajos.
Las herencias, como cualquier otra fuente de riqueza, permite amplificar las diferencias con quienes no poseen activos por el simple hecho de tenerlos, como consecuencia de los retornos que genera. Si los retornos son crecientes con la acumulación de riqueza, y las personas tienden a conformar hogares con personas de niveles socioeconómicos similares, la concentración de riqueza aumentará a lo largo de las generaciones (Atkinson, 1983). Adicionalmente, constituye un colateral que puede permitir el acceso a otros activos, y obtener otros beneficios más allá del puramente económico, como por ejemplo el poder político.
Por otro lado, Piketty (2014) muestra la importancia que la herencia tiene en la formación riqueza, ejemplificando con el caso francés. Al presentar la evolución del peso relativo de las herencias observa que en la actualidad entre 80 y 90% de la riqueza es generada por la herencia, proporción similar a la observado a comienzos del siglo XX y casi el doble que la encontrada en 1970. El mismo autor indica que la riqueza transmitida representa el 20% del ingreso nacional, dando cuenta del aumento considerable que se ha observado en los último 50 años. Karagiannaki (2011) calcula la tasa de retorno de la herencia en el Reino Unido y la ubica en el 3%, similar a los retornos que otros estudios indican brindan los activos financieros.
Existen un conjunto de críticas a la implementación de un impuesto a las herencias que deben ser consideradas a la hora de pensar un diseño adecuado. Por ejemplo, puede incrementar el valor de los inmuebles (Heckley, 2004); pueden existir complicaciones en su cuantificación por las dificultades que genera actualizar el valor de los activos, lo que es relevante si las herencias se gravan a tasas progresionales (Bird, 1991); si existen dificultades para monitorear las herencias y regalos puede incrementarse la evasión (Strawczynski, 2014); en tanto la elución también puede ser mayor gracias a la posibilidad de fraccionar los activos. Otros argumentos de carácter menos instrumental, cuya base se centra en la naturaleza propia del impuesto, indican que al gravar el monto heredado se penaliza a los padres más preocupados por dejar un legado a sus hijos, reduciendo los incentivos a ahorrar e invertir; al tiempo que estos impuestos podrían constituir una violación a los derechos de propiedad.

Diseños y magnitudes del Impuesto a la Herencia

El Impuesto a la Herencia (IH) presenta gran variabilidad en las tasas que se aplican en los distintos países, en tanto los diseños pueden variar desde esquemas progresivos a otros lineales, con y sin mínimos no imponibles. En Strawczynski (2014) se indica que su generalización es relativa, pues se aplica en la mitad de los ochenta países que el autor considera en su estudio. Una característica que habitualmente está presente en el diseño de este impuesto es que grava con tasas diferenciales, menores, cuando la herencia es de padres a hijos.
Por ejemplo, en el Reino Unido el ingreso derivado del IH representa el 2% de lo recaudado por el total de los impuestos a la renta y se paga a una tasa única del 40% sobre el monto heredado que supere el mínimo no imponible (Atkinson, 2016). Las tasas del IH también alcanzan al 40% en los EEUU, y entorno al 50% en Corea del Sur y Japón. En Francia la herencia es gravada con tasas progresionales, alcanzando la tasa marginal más elevada el 60%. Recientemente en Ecuador se implementó un impuesto progresivo donde la tasa más elevada alcanza al 47.5% para herederos directos, siendo la tasa efectiva del 12%.
En Uruguay existe un Impuesto a las Transmisiones Patrimoniales (ITP), el cual se comenzó a implementar en 1990. Este impuesto establece que se grava la enajenación o promesa de enajenación de bienes inmuebles, la cesión de derechos hereditarios de bienes inmuebles y las de derechos posesorios sobre bienes inmuebles, y las transmisiones de bienes inmuebles que se generan por causa de la muerte. El impuesto tributa un 2% por parte del enajenante y 2% por parte del adquirente, la tasa del resto de los contribuyentes es del 4%, excepto herederos y legatarios en línea recta ascendente o descendente con el causante que tributan el 3%. Por otro lado, existe un adicional al ITP que tiene por objeto a los bienes rurales y por destino el Instituto Nacional de Colonización. En este caso los adquirentes y demás contribuyentes tributan al 5%, mientras los herederos y legatarios en línea ascendente y descendente con el causante lo hacen al 4%. Al tener tasas tan reducidas, que gravan la transmisión y no el aumento patrimonial, este impuesto no puede considerarse como un clásico impuesto a la herencia (Amarante et al., 2012). Adicionalmente, el ITP solo grava transmisiones de bienes inmuebles, omitiendo otro tipo de activos.

¿Cómo gravar las herencias en Uruguay?

En el libro Desigualdad ¿Qué podemos hacer? Atkinson realiza un conjunto de propuestas para reducir los niveles de desigualdad. Para el caso de las herencias retoma una propuesta que en los años 70 se realizó en Canadá, donde se establecía que las herencias y los regalos inter-vivos debían ser gravados como un ingreso adicional del beneficiario, en el mismo plano de igualdad que otros ingresos, sin permitir al mismo tiempo ninguna deducción de las cantidades transferidas del ingreso gravable del donante.
La propuesta implica gravar las herencias con las tasas del IRPF, considerando la imposición a las herencias como un impuesto vitalicio al capital, es decir se deben tener disposiciones que permitan promediar los beneficios durante años fiscales sucesivos. Es importante notar que esta propuesta debe leerse en conjunto con otra propuesta de Atkinson, que implica eliminar la dualidad entre capital y trabajo del impuesto a la renta, ya que de otra forma el IH no sería progresivo. Naturalmente en la propuesta las donaciones o regalos inter-vivos también se consideran como un hecho generador del impuesto. Un elemento sustantivo para su diseño es que las herencias y los regalos inter-vivos deben ser gravados de forma acumulativa. Por ejemplo, si la persona X recibe un regalo de un activo cuyo valor son 30.000 dólares, y el umbral mínimo es de 50.000, dicha persona no paga el impuesto. Un tiempo después si la misma persona recibe otro regalo o hereda 30.000 dólares debería tributar por los 10.000 dólares que exceden el umbral mínimo.
Se ha discutido si el IH debe gravar la sucesión (antes de ser repartida entre los herederos) o el acceso (el incremento patrimonial de cada heredero). Esto tiene consecuencias, por ejemplo, si los herederos son dos hermanos, uno pobre y otro rico. En este caso el impuesto al acceso es más justo ya que el pobre pagará menos (Amarante et al., 2012). Esto es consistente con la propuesta de gravar en función de la cantidad global recibida y no la cantidad puntual heredada. Los dos aspectos, gravar el acceso y hacerlo de forma global, unido a fijar mínimos no imponibles, puede estimular a que las herencias se fraccionen y se distribuyan entre más personas, lo que según Atkinson ayudaría a que se alcancen mejoras en su distribución.
Atkinson señala que esta propuesta implica eliminar el IH vigente en cada país (en Uruguay parcialmente el ITP), por lo que podría contar con mayor viabilidad política al permitir abolir otro impuesto. No obstante, la propuesta parece no ser viable en el corto plazo en Uruguay, pues no es consistente con un impuesto a la renta dual, aunque sí brinda un marco para pensar propuestas de sustitución parcial del ITP por un verdadero impuesto a la herencia.
En este marco el IR propone que se consideren cinco aspectos en un futuro diseño de un impuesto a la herencia:
• Se debe generar un IH que sustituya los componentes de donaciones inter-vivos y herencias del ITP.
• La base imponible debe trascender a los bienes inmuebles, abarcando a la mayor parte de los activos.
• El IH debe ser fuertemente progresivo, estableciéndose un mínimo no imponible reducido. Se deben contemplar menores tasas para herederos y legatarios en línea recta descendente.
• El IH debe gravar las donaciones inter-vivos. Se debe evaluar si las tasas a las que se gravan las donaciones deben ser iguales o menores que las tasas aplicadas a las herencias.
• El IH debe gravar el acceso. Las herencias y donaciones deben acumularse en el tiempo lo que hace que el impuesto sea más justo, y evita la elusión que el fraccionamiento temporal puede generar.
Los impuestos constituyen mecanismos que pueden tener por objetivo incrementar la recaudación pero también son instrumentos redistributivos y por ende se pueden fundamentar en base a criterios de equidad y justicia, nuestra propuesta se basa en el segundo de estos aspectos. Probablemente la recaudación de un impuesto de esta naturaleza altere levemente los registros fiscales del país, de todas formas, somos conscientes de la importancia de un adecuado diseño para que la implementación sea eficiente. Para nosotros avanzar en la generación de nuevos instrumentos redistributivos es sustantivo, en tanto la primera generación de reformas que desplegó la izquierda en Uruguay ha alcanzado su techo, lo que se refleja en la estabilidad que en los últimos años han mostrado los indicadores que miden la desigualdad.

Deme todo esto de cargos

Larrañaga charla con una niña que le pregunta: “Yo soy de Florida, ¿qué puede hacer por el interior?”. Larrañaga le responde: “Yo te prometo que el interior va a crecer, porque si crece el interior…” y sigue explicando las bondades de que el interior crezca… No parece haber entendido la pregunta el precandidato. En realidad, no importa. La publicidad tiene una idea que cree que tiene punch (“charlas con el futuro”), está bien filmada y listo: el producto está precioso (o no, pero eso es para otra columna). Acá no cabe el argumento de que la publicidad (y la plata) vehiculizan ideas. Ahí no hay ideas. Ahí no hay más política que la sesuda opción de camuflar a la política en la anti-política y la anti-ideología.

Lacalle Pou remixó un discurso suyo y su jingle. Bien puede ser un jabón de tocador o una marca de championes lo que está siendo publicitado. Lo que importa es vender el producto. Y para vender, más que tener un buen producto, es necesario tener plata. Mucha plata. Muchísima.

Para ser elegido (no elegible, eso lo asegura la Constitución) en Uruguay, hay que pagar. Esa lógica queda extremadamente clara con el sistema de confección de listas que tienen los partidos tradicionales. Candidatos que nadie conoce, que ningún colectivo de más de dos personas eligió para representarlo, pagan mucha plata y tratan de conseguir su banca. Por eso se juegan tanto ahora. Por eso están gastando tanto.

Pero cuidado, el FA también tiene que pagar para ser elegido. La diferencia es que las estructuras eligen al que consideran el mejor candidato, y quien paga es un colectivo. Es una diferencia sustancial, pero se sigue terminando en lo mismo: antes o después, para ser elegido hay que pagar. Y para pagar, hay que tener plata. O se tiene una familia con mucha plata, o se tiene amigos con mucha plata, o se tiene mucha capacidad e inventiva para juntar mucha plata (a esto último y solo a esto último estamos apostando en el Ir, mientras tratamos de aportar para terminar con esta mercantilización de la política).

El Estado, a través de su parlamento, se dio cuenta de lo complejo que es el financiamiento de las campañas y lo que desvirtúa a la actividad política. Mediante la ley 18.485, regula cómo se deben financiar los partidos. Establece, además, que a cada partido se le va a dar determinado monto por voto que haya obtenido. Este mecanismo, además de ser más proclive a mantener al status quo que a potenciar la aparición de lo nuevo (recibe plata quien ya tuvo plata para conseguir votos), toma un camino entre dos posibles.

El primer camino, reflejado en la ley, es que el Estado aporte parte de esa plata que necesitan los partidos. Sin embargo, cabe preguntarse, ¿dónde termina esa plata? Ningún partido obtiene ganancias de las campañas. Pues bien, ¿quién obtiene ganancias? Una pista: un segundo en radio cuesta de 15 a 37 pesos, y un minuto en televisión cuesta –atenti a esta cifra- $32.000.

Es importante, entonces, recordar que los canales de televisión hacen uso de un bien público que se les otorga para usufructuar (ahora y gracias al Frente) por un período limitado. Pero siguen siendo propiedad de toda la sociedad (esa que ahora precisa elegir quiénes gobernarán).

Entonces, la otra opción es empezar, de una vez por todas, a desmercantilizar la política. Es intentar que cada vez dependa menos de cuánto tiene cada uno para ser elegido. Por tanto, bien se podría haber incluido en la ley de financiamiento de partidos, muchos minutos gratis para pautas de los partidos, fijando las franjas en las que se tienen que emitir y prohibiendo sobre-pautar más allá de lo que se le otorgue a cada uno por ley. Una porción del tiempo en televisión se podría distribuir según los votos obtenidos con anterioridad, y otra porción para todos por igual (y dar así posibilidad a lo nuevo). Y así como se hace con la tele, hacerlo con todos los medios de propaganda.

Por otra parte, no parece fácil de argumentar que una empresa financie partidos políticos, por lo que se debiera prohibir esto, pudiendo solo las personas físicas aportar a los partidos. A nuestra propuesta de revisar la regulación sobre el financiamiento de partidos, no tanto para asegurarles recursos sino más bien para desmercantilizar a la política, se le debe agregar indefectiblemente organismos poderosos que fiscalicen cuánto dinero entra en los partidos (y quiénes son los donantes) y cuánto se gasta. Esta Corte Electoral, con estos recursos, no puede controlar y se limita a recibir los informes y publicarlos. Es necesario que alguien controle, pregunte y repregunte. Que investigue y que denuncie si es necesario.

Los partidos políticos tienen dos opciones: o juegan en la cortita, entrando en el juego y tratando de sacar ventaja para ganarle al que está al lado, o por un rato dejan la competencia en suspenso y piensan una forma de mejorar las condiciones para todos y todas. Esto redundará en una mejor democracia, mucho más cercana a su naturaleza y mucho menos cercana a spots sobre alfajores, remixes, futuros y mucho blabla.